«El calentón del caballero»

El puñetero ojo de la cerradura estaba bloqueado y no permitía abrir el cierre. El caballero había probado a forzarla con todo lo que tenía al alcance de sus manos: introduciendo la punta de un palo, haciendo palanca con un viejo y oxidado hierro… Rompió su mejor daga, e incluso había intentado meter la punta de su verga por el pequeño agujero. Todo ello mientras ella, su amada esposa, gritaba desesperada.
Pero nada, no había suerte. Era una verdadera lastima que la llave, que siempre llevaba colgada al cuello, desde el mismo día que saliera a las cruzadas, la perdiera en un inmundo burdel, de más allá de las fronteras del reino.
Tendría que llamar al herrero, para que forzara aquel cinturón de castidad y con él, el honor de su joven y virgen esposa.
Al enterarse, el técnico acudió raudo. Tras el cruce de miradas y disimuladas sonrisas, comprendió que debía esconder la copia que él utilizaba, para hacer imposible el encargo. Cosas de la historia.

 

Gracias por leerme.

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