«La gran serpiente roja»

Todas las mañanas sale de caza. Su cuerpo se arrastra despacio, zigzagueante, devorando lo que llega a sus fauces. Cuando te pilla no tienes escapatoria, da igual lo rápido o audaz que seas. Ella, desde su privilegiada posición te observa, te estudia y, en cuanto siente tu presencia a su lado, te engulle.
Una vez que te encuentras dentro de su tracto digestivo, notas como sus paredes te aprietan, se mueven a tu alrededor, con gestos nada armónicos, trasladándote a veces hacia el lado derecho y otras contra el izquierdo. Comienza el proceso digestivo y, por ende, la destrucción de tu ser. En ese preciso instante lo peor es sentir como la energía matutina de tu ser se va degradando. Aceptas que es muy difícil escapar, aún así lo intentas. Sabes que el tiempo que tienes es limitado y que según lo inviertas podrás actuar a la hora de la salida.

 

Hay ocasiones, las menos, en las que por la tarde también sale de caza y es que la serpiente de luces rojas, en las que se ha convertido nuestra autopista, es una verdadera depredadora de tiempos y energía.
Gracias por leerme,—lástima que el Cabildo no lo haga.

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