«El duelo»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google
—¡Cuánta fuerza y qué poca puntería! —graznó aquel pirata cojo, de pata de palo, con parche en el ojo…, recién salido de una canción de Sabina—, sobre todo teniendo en cuenta tu tamaño —dijo golpeando su espada sobre la cabeza del pequeño que lo miraba boquiabierto.
—Hago lo que puedo —balbuceó el niño al ver que la tripulación reía con mucho desparpajo ante el error que él había cometido y la ocurrencia de su capitán.
—Ya veo chiquitín, pero ahora me toca a mí. Es lo que tienen los duelos.
El niño temblaba. Sabía que la vida podía irle en ello.

El hombretón cargó e hizo su disparo. La baba resbaló fallando. La tripulación se rió de él, pero ahora, desde la distancia, y viendo la actitud que el fiero capitán mantiene con el chico, todos saben que erró adrede en el duelo de escupitajos. Se había encariñado del enano.

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