«El hombre calvo del banco del parque»

Extraído, sin permiso, de San Google
El hombre calvo que siempre está sentado en la
misma esquina del banco de la entrada del parque, siempre llega antes que yo. Todas
las mañanas le doy los buenos días, nada más cruzar el portón de la entrada, y
él responde de la misma manera.
En muchas ocasiones, cuando mis pensamientos me
abandonan, me dedico a mirarlo de lejos, disimulando, para que no crea que lo espío.
Me sorprende verlo allí sentado, casi toda la mañana, sin hacer nada.
A eso de las once, como un reloj, saca su bocata y,
en un par de mordiscos, lo devora, ayudado de los sorbos prolongados que
arremete a la cañita del pequeño envase de zumo, con el que lo acompaña.
Pasa las horas perdido, aburrido, mirando a la
nada. A veces, se levanta, como el que no quiere la cosa, y empieza a pasear,
siempre por los alrededores de su banco, no se aleja más de diez o doce metros,
como el que esta esperando a que alguien llegue, para así poder atenderlo. Mientras
eso ocurre veo como la vida se le escapa. Para poder entretenerse se pasea la mano
derecha por su calva, como si estuviera pensando en algo fundamental. Quizás esté trabajando, quizás, por eso no tiene pelos.

4 pensamientos en “«El hombre calvo del banco del parque»

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