«En un tiempo muerto»

Clase de natación
Una vez mas escribo mientras espero a que las actividades extraescolares de mis hijos terminan. Sin duda es una buena manera de pasar el tiempo y aprovechar para que las ideas que, a veces, se agolpan en mi mente cojan forma y dejen de castañearme en la cabeza.
En esta ocasión la inspiración viene en forma de monitor de natación de niños pequeños. Me río al oír los gritos que les da a esos pequeños afortunados, con el agua hasta el cuello, para que le hagan caso y muevan los brazos, o pataleen fuerte sus pequeñas piernas, o para que estiren sus delicados cuellos y así poder sacar sus bocas abiertas fuera del agua, alejando el peligro de ahogamiento. 
Mas gracia me hacen las madres y padres que, sentados en las gradas, ansiosos, se comen las uñas al sentir como propio el sufrimiento de sus pequeños solicitándoles ayuda y salvación ante el imponente ser acuático que les ordena, recrimina y premia con voz tan potente. Algún osado progenitor, se atreve a emitir algún grito, con consejos protectores para sus descendientes. El monitor, ahora trasformado en ogro, les atraviesa los ojos y les manda a callar convidándolos a que le dejen hacer su trabajo o a que abandonen el espectáculo si no pueden soportar unos pocos llantos.
No me extraña que estos niños aprendan a nadar. Yo también lo haría ante tremendo Poseidón reinando estas aguas, entre gritos y alaridos, obligando a realizar todos esos movimientos, a la vez que limpia mocos, seca lágrimas, ahuyenta a familiares e intenta, no solo que no se le ahogue ninguno de sus pupilos, sino que además, aprendan a nadar y así disminuir las posibilidades de que jamás se ahoguen por no saber hacerlo. 
Si el nadar fuera letra y el agua sangre, se haría realidad el famoso dicho educativo»con sangra la letra entra». Animo chicos, ya queda menos para que esta clase de sufrimiento termine.
Como decía, mientras miro, yo aprovecho el tiempo escribiendo, no vaya a ser que ante tanto ruido me de por meterme en el agua, que por falta de ganas no será. 
Y tu, ¿cómo aprendiste a nadar? ¿Que haces en tus tiempos muertos?  ¿Has sido uno de esos padres/madres que soporta estoicamente los llantos de tus pequeños sentados en el borde de la piscina, o con el agua hasta el cuello? ¿Alguna anécdota que contar de las clases de natación?

2 comentarios en “«En un tiempo muerto»

  1. Yendo por partes, me adelantaré al cuestionario, lo de padre… no me he estrenado. En mi tiempo muerto ando, ¡como no!, enredado en más cosas que si estuviese trabajando; y así va pasando el tiempo. ¿A nadar?, como todos, tragándome medio Océano Atlántico… ¿cómo si no, mardito roedó?

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