«Señales de humo»

Extraído, sin permiso, de San Google
La
quema de hogueras de la noche de San Juan pretende ser el ritual con
el que acercar todo lo bueno a nuestra vida, y ahuyentar todo lo malo, en forma de
humo, al cielo, y de ahí al más allá.
Quizás
motivado por ese olor a quemado tan característico que perdura en el
ambiente, incluso un par de días después, o por lo quemada que está
mi calenturienta mente, de camino a casa me veo sorprendido por la
cantidad de humos que respiramos durante el día y que se
entremezclan con el olor a tea chamuscada.
Me
resulta asqueroso el olor a cigarro, emitido por los diferentes
corrillos que se forman a la entrada del trabajo, y que avanza
escaleras arriba impregnando ascensores, salas, despachos, ropas y
personas.
Es de
agradecer que la refinería está en parada técnica y no emita gases
pestilentes. El aire que se respira es más agradable, mas limpio,
menos pesado.
Muchos
de los coches que van por la autopista parecen no haber superado la
ITV, pero aún así circulan, expulsando el negro elemento en una
mezcla de estado casi «sólidolíquidogaseoso»
generando una especie de bruma oscura que se junta con… ¡horror!
¡Sale humo de la chimenea del tanatorio! Menos mal que suelo
circular con las ventanas cerradas, porque como esos vapores penetren
en el interior del coche, el chamuscado propietario se queda sin ir ni al cielo, ni al más allá.

¿Qué
humareda es la que más te molesta? ¿Tienes alguna historia que contar que tenga el humo como protagonista?

5 comentarios en “«Señales de humo»

  1. ¿Estás tú seguro de que ese humo es de San Juan? ¿no será de santa maría?… porque… para contar todas esas cosas…. andas a la chorrilla.
    Mi experiencia con el humo, es la pasividad ante el tabaco de los demás…

  2. Parece que el humo hace que la mente se dispare y sean muchas las ideas.

    Primero lo feo: no soporto el humo del cigarro.

    Ahora, lo interesante: el humo me evoca desde una mágica noche de San Juan en la playa hasta una vela que haya estado encendida … Cosas de la mente . . .

    Hasta aquí mi aportación.

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