«La habitación 404»

El mensaje que
le envió fue corto e intrigante.

—Imagina por un
momento que estoy en la habitación 404. ¿Vendrías ahora que ellas duermen la
siesta?
Nada más leerlo
su cuerpo se perturbó. Ella había ido con sus amigas a pasar un fin de semana
de sol, piscina y chicas. Su marido se había quedado en casa con sus hijos y su
amante, en teoría, estaba de Rodríguez. «¿De verdad que estaba en aquel hotel?».
No se lo pensó.
Las chicas
dormían en la cama balinesa que habían reservado. Con cuidado, para no hacer
ruido, se enredó en su pareo, intentando tapar el temblor de sus piernas y la
excitación que marcaban sus erizados pezones. Se dirigió directamente a la 404.
No le hizo falta
tocar. Nada más llegar la puerta se abrió, como si su ocupante estuviera
esperándola tras la mirilla.
—¡Estás loco!
¡Qué haces aquí?! — le recriminó nada más cerrar la puerta tras ella. Él no
contestó. Se acercó con decisión, la atrajo contra su cuerpo y la besó con
absoluta devoción. 
Ella se rindió a lo inevitable durante más de una hora, hasta
que sus amigas llamaron una y otra vez a su teléfono al no saber dónde estaba.

Gracias por
leerme.

2 pensamientos en “«La habitación 404»

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