«Mi pequeña colección»

El cuarto donde trabajo, a veces, parece un campo de batalla. Hay algo de desorden motivado por la gran cantidad de libros, papeles, recortes de prensa… Dentro de ese batiburrillo de cosas, me imagino que como cualquiera de nosotros, tengo un espacio favorito.
     En lo alto de una de mis estanterías guardo una pequeña colección de soldados de plomo. Fueron comprados hace tiempo en un anticuario, el cual aseguraba que, al menos, son de principios del SXIX.
    Llevan ahí años. Inmóviles. Con sus banderas, sus armas, su misma posición. Desfilan. Apenas se les cambia de sitio para limpiarles el polvo que tristemente no es el que levanta el camino a su paso, sino el propio del devenir de los días.
    Son doce valientes. Con su trompeta, el tamborilero, el abanderado y una pequeña guarnición de infantería siempre dispuestos a la batalla. En otros tiempos eran más. En tu mente seguro que piensas que es lógico, que el paso del tiempo a hecho mella en ellos. Pero no, no es ese el motivo.
     En concreto puedo decirte que falta uno. Aunque llevo tiempo buscándolo, hasta el momento no ha habido suerte. Por lo que sé, y aunque había ganado alguna batalla, perdió la guerra por culpa de un amor.
     Ella calló en el ardiente hogar de una chimenea. Él, heroico y enamorado, para salvarla, se tiró tras los coloridos cachetes de su bailarina. Ambos perecieron. Sus cuerpos plomizos se fundieron en un solo corazón.
     En mi colección falta un soldado. Uno de plomo y cojo que nunca encontraré. Pero del que siempre tendremos su historia para recordarlo.
     Hoy se celebra el nacimiento del gran Hans Christian Andersen y, por ende, el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Es un buen motivo para leer un cuento. ¡Disfrútalo!

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