«Un deseo por San Juan»

Siguiendo la tradición hoy, noche de San Juan, se debería lanzar a la hoguera todo lo malo para atraer todo lo bueno. Él, de nombre Juan, sabía que esto era así, conocía la tradición, y sabía que si quería superar el tiempo de desasosiego e incertidumbre personal en el que estaba viviendo, tarde o temprano tendría que alimentar esa hoguera.
Se reunió con su grupo de amigos en la playa, tal y como días atrás habían quedado. Todo estaba listo: el picoteo, las bebidas, el hueco en la arena, unas pequeñas maderas, las velas…, incluso alguna de las participantes había preparado unos pequeños papelitos, y cargado con lápices suficientes, para que  cada uno apuntara ese peso negativo del que quería desprenderse en la mágica noche.
Juan escribió su descarga. Lanzó el mensaje al fuego y siguió con su mirada como el rojo espíritu devoraba aquellos malos sentimientos, hasta hace un momento convertidos en letras, para izarlos al cielo transformados en humo y ceniza, que se levantaban por efecto de la leve brisa reinante.

Lamentó no notar el cambio en el peso que cargaba sobre sus hombros, pero la primera nota de la música que comenzó a sonar le hizo darse cuenta de que la echaba de menos y que, a este paso, nunca podría alcanzarla. El fuego hizo su efecto, el tiempo haría el resto.
Gracias por leerme.

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