«Botella, edredón y reloj»

La cama de la bella Aysha se había enfriado. El feísimo edredón rojo, con flores estampadas, no calentaba como lo había hecho apenas hacía unas horas. Me encontraba  solo.
            Tras estirar mi adormilado cuerpo  miré el reloj y comprendí que, la mujer que hacía unas horas me había amado, se había marchado para siempre. Una botella de Whisky ahogaría mi pena. 

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