«La huída»

─Y no intentes escabullirte, que no va a servirte de nada ─dijo mientras intentaba retenerla con todas sus fuerzas.
            Ella continuó su huida calle abajo. Mientras esquivaba los pequeños baches y las piedras que se encontraba, sentía como aquellas palabras le retumbaban en su ser tal y como lo hace el eco a lo largo de las montañas. Tenía la necesidad de salir de allí, no podía esperar más.
            A la vuelta del primer recodo encontró una pequeña rendija por la que podía escapar y dejar de oír aquella letanía. Fue fácil, apenas le costó. Es lo que tiene ser agua en acequia vieja.

5 comentarios en “«La huída»

  1. Unos ahorrando y tú tirándola por las acequias y encima viejas… eres como la cantonera de esa acequia, nunca sabemos por dónde se te va a ir la olla… je je…
    Un achuchón desde el pico La Zarza…

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