«En una noche de estrellas»

Extraída, sin permiso, de San Google
Existen muchas personas que, como yo, aprovechan las noches despejadas para admirar las estrellas. Lo hago desde siempre, desde mis primeras acampadas, en las que imaginaba pequeños cuentos y grandes fantasías. 
A veces las admiro acostado sobre el frío suelo, o cómodamente sentado. Otras disfruto acodado sobre la barandilla del balcón, pero todas con mi imaginación volando a lo qué hay más allá.
Las estrellas pueden ser muchas cosas, a parte de lo puramente material o gaseoso. Para muchos son recuerdos de amigos, o de  familiares que ya no están entre nosotros, pero que, desde allá arriba, nos apoyan e iluminan. Hay otras estrellas que son recuerdos de noches mágicas y sin fin, de aventuras vividas tras un concierto o de un baño nocturno en una playa… Las hay que, al mirarlas, evocan amores pasados, terminados trágicamente o con el más sincero de los besos, que nunca debieron o no se han concluido del todo.
A parte de todo ello, para mí, las estrellas también son sueños. Unos ya cumplidos y otras grandes pensamientos oníricos que nunca llegaran a presentarse.
Cuando leas estas líneas estaré lejos, tocando una de esas estrellas porque, al menos en esta ocasión, parece que uno de mis sueños puede hacerse realidad.
Deséame suerte, que en mí queda la voluntad y ganas de disfrutarlo.
A mi vuelta te lo cuento.

4 comentarios en “«En una noche de estrellas»

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