«¡¡¡Fuego, fuego!!!»

Extraída, sin permiso,  de San Google
Menos
mal que aquello era solo un simulacro, sino, algo hubiera pasado,
¡seguro! Dias atrás nos habían avisado.
En
un principio aquella reunión, organizada por planta y para todo el
personal que la ocupa, consistía, o al menos eso imaginé yo, en una
actividad preparatoria, al estilo de las azafatas de los aviones, en
la que se nos indicarían las distintas salidas de emergencia, cuál
es la que nos toca, según la ubicación de nuestro puesto de
trabajo… No fue así.
Treinta
minutos sentados para repetir, hasta la saciedad, lo importante que
es mantener la calma, que no ocurre nada, que hay tiempo suficiente
para abandonar el edificio y que no cojamos los ascensores. No nos
ensañaron ningún plano o plan de evacuación, solo que bajáramos
pegados a la pared y abandonáramos el edificio para concentrarnos en
la plaza. Además, como nota aclaratoria y conclusión del evento fue
que tal día, a tal hora, sonaría la alarma.
Así
que, una vez llegado el día D, bromeábamos con lo que ocurriría a
la hora H.
Llegado
el momento, la alarma sonó como con falta de pilas, tímida y
temerosa, apenas audible. Los encargados de la evacuación de cada
planta tuvieron que subir sus propios chalecos reflectantes de su
vehículo particular. La gente comenzó a bajar, a tropel, las
escaleras, sin respetar ni el lado de la pared ni al prójimo que iba
delante. Alguna se quedó encerrada en el ascensor. Las que nunca
usan las escaleras, aún trabajando en la primera planta, protestaban
sobre la incomodidad que aquello les ocasionaba… Los más listos se
reunieron en el bar, que ya puestos a pasar el trance, por lo menos
hacerlo con el estómago lleno. Y es que los funcionarios, son
funcionarios hasta para salvar la vida.

Así
que, el día que la evacuación sea de verdad, o sin avisar, no
quiero ni imaginar lo que ocurrirá. Pero no te preocupes, te lo
contaré, que seguro que tendrá miga, pero desde el bar, que es más divertido.

Un pensamiento en “«¡¡¡Fuego, fuego!!!»

  1. Precisamente para eso son los simulacros, para que la gente se conciencie de cómo actuar ante una situación real y para ver los fallos que se producen y volver sobre ellos, pero seguro que después (…del bar claro!!) nadie les comentó cómo había salido y cómo mejorarlo…., por lo que aunque pueda ayudar la charla previa y realizar el simulacro, realmente termina perdiendo su sentido. Cuñi.

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