«Reflexiones sobre la paternidad»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google.
Nuestros mismos ojos, idéntico color y brillo. Parecida la forma de las orejas, quizás algo más puntiagudas. Mi mismo corte de cara, aunque con la nariz algo más chata. El pelo ensortijado, tirando a negro —esa característica no es de ninguno de los dos. Ambos lo tenemos castaño—. Dedos afilados y elegantes, como los de la madre.
La dejé hablar.
—No cabe duda, es nuestro —dijo mi esposa con una extraña sonrisa mientras me miraba para convencerme.
No podía creer lo que estaba intentando hacer. Mantuve la calma, me armé de valor y busqué la pregunta más adecuada.
—¿Qué me dices del color de piel?
—¿Qué? —dijo ella como si nada.
—¡Es verde! ¡El niño es verde!
—Tranquilo. ¡Al menos no es negro! Siempre podremos decir que es una extraña enfermedad, o la genética, los antepasados…
—Mari, no estoy seguro de que lo de la abducción fuera un extraño sueño.

8 pensamientos en “«Reflexiones sobre la paternidad»

  1. jajajja! las mujeres somos únicas para justificar cosas aparentemente imposibles.
    Muy imaginativa y recurrente esta entrada. Felicidades, porque todos los días se celebra esta entrañable labor, no una fecha específica.
    Besos de gofio.

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