Los dos compañeros estaban sentados en el comedor. Llevaban un rato con la mirada perdida sobre las viandas del plato, cuando uno de ellos decidió romper el hielo.
─La carne rebozada fría no vale nada ─dijo tras comprobar la temperatura de su plato.
─Lo sé pequeño saltamontes, pero tienes que hacerte un hombre y hoy toca comer frío.
─No entiendo tu postura, ¿qué tiene que ver mi sexualidad con la comida?
─Mucho. Si no eres capaz de comer este plato, ¿cómo pretendes enfrentarte a las dificultades de la vida?
─Sigo sin entenderte ─intervino levantando la vista─. Espero que comprendas que mi situación económica, social y militar, me permite no tener que enfrentarme a ciertas cosas. Tengo a gente que lo hace por mí.
─Napoleón ─susurró el otro─, ahora empiezo a comprender a nuestro psiquiatra. Será mejor que tomemos la medicación y dejemos los desvaríos para otro momento.
