«Una historia de apoyo y superación»

«Una historia de apoyo y superación»

Ya había oscurecido. No le importaba. Como era normal en ella, bajaba las escaleras con calma, disfrutando del momento vivido aquella tarde de otoño. 

La puerta de la calle se cerró, las luces de la escalera se apagaron, pintando sombras juguetonas en el suelo que la distrajeron. Sintió que su pie derecho no encontraba reposo. Tropezó y, antes de poder reaccionar, su cuerpo se desplomó sobre el frío suelo. El dolor fue tan agudo que se le escaparon varios gritos ahogados de auxilio que quedaron suspendidos como grandes lamentos en el aire.

No recordaba muy bien cómo había llegado la ambulancia, ni las palabras que le dijeron en el hospital, pero sí sentía en sus huesos la gravedad de lo que había ocurrido. Una fractura y múltiples contusiones fue el diagnóstico claro que dieron en urgencias. La recuperación sería larga.

Al principio, la noticia fue un golpe duro. Los días viviendo en aquel sofá del salón se le hacían eternos. 

Su marido estaba siempre allí, apoyando en lo que podía. Constantemente le recordaba que debía tomarse el tiempo que le hiciera falta, que iban a superarlo juntos, como siempre lo habían hecho. Ella asentía, pero en su mirada se leía la incertidumbre y el miedo.

Cada rincón de su casa ahora era una barrera: las escaleras, los muebles, hasta la loza que antes limpiaba con tanta dedicación.

La silla de ruedas llegó como una ayuda, pero también como un recordatorio de sus limitaciones. Al principio, su esposo debía ayudarla a moverse de una habitación a otra. El capitán había recuperado el mando en aquel pequeño barco de ruedas, marcando el rumbo con ternura por el salón, la cocina o la terraza. 

Ambos compartían miradas de complicidad y, a veces, él intentaba hacerla reír, proponiéndole carreras imaginarias o inventando juegos en los que ella debía tomar decisiones sobre la “ruta” que iban a seguir por la casa.

Con frecuencia les visitaron días de tristeza, en los que la desesperación la abrazaba como una niebla espesa y pesada que le impedía pensar con claridad. Luchaba con, contra, el dolor, la incomodidad y la frustración de necesitar ayuda para las cosas más básicas. Estaba atrapada en su propio cuerpo. Pero en esas noches oscuras, siempre estaba él, ofreciéndole una palabra de consuelo o simplemente el silencio de su compañía. Con una mano sobre su hombro, le recordaba que cada día era una pequeña victoria y que juntos seguirían adelante.

Ahí están, con semanas de ejercicios de rehabilitación pero ganando cada centímetro en esta batalla, al lado de su esposo, con una mezcla de orgullo y emoción. Con cada paso que dan avanzan en la recuperación.

Él está allí, animándola, sosteniéndola cuando se tambalea y compartiendo el esfuerzo en cada movimiento. Ella sigue luchando, como una campeona, recuperando día a día el humor, su energía, el paso y las ganas de continuar luchando.

¡¡¡SIGAN ADELANTE!!! Estamos muy orgullosos de los dos. Les queremos. 

Gracias por leerme.

«FELIZ 18 CUMPLEAÑOS MI AMOR»

«FELIZ 18 CUMPLEAÑOS MI AMOR»

Hoy celebramos un día muy especial, tu mayoría de edad, el inicio de una nueva etapa en tu vida. 

Te miro y no puedo evitar sentirme inmensamente orgulloso de la persona en la que te has convertido. A lo largo de estos años, has demostrado ser una persona excepcional, una compañera fundamental y apoyo constante, una luz que ilumina mi día a día, llena de fuerza, determinación y con una pasión que hace mover todo aquello que te propones. 

Desde pequeña, siempre has mostrado una curiosidad insaciable y una valentía admirable. En estos años te has enfrentado a desafíos realmente importante. Siempre lo has hecho con una sonrisa en tu rostro, que, sin duda, te ha ayudado a superar los obstáculos con una tenacidad que me deja sin palabras. 

Cada logro tuyo, grande o pequeño, debes considerarlo como testimonio de tu capacidad, determinación y de ese espíritu indomable que posees. Ya sea en tus estudios, en tus aficiones, o en las relaciones que has cultivado, siempre has dejado una huella imborrable en todos los que te rodean.

Ahora, al cumplir 18 años, se abre ante ti un mundo lleno de posibilidades. Este es solo el comienzo de un viaje emocionante en el que tienes el poder de moldear tu destino. Recuerda siempre que tienes en tus manos la fuerza necesaria para hacer realidad cualquier sueño. No hay meta demasiado alta, ni reto demasiado grande para ti. Confía en tus habilidades, en tu inteligencia y en tu corazón. Ese que tienes tan grande. 

El camino que tienes por delante está lleno de aventuras, de aprendizajes y de oportunidades para crecer y evolucionar. No te voy a engañar, habrá momento difíciles, de dudas y de desafíos, pero también tendrás innumerables momentos de alegría, de satisfacción y de logros. No te detengas nunca, no te rindas, sigue adelante con la misma pasión y determinación que te han traído hasta este momento. Yo siempre estaré aquí, si me necesitas.

Eres capaz de cambiar tu mundo, de inspirar a otros y de alcanzar las estrellas. Nunca subestimes el poder que reside en ti. Tienes todo lo necesario para construir la vida que deseas. 

Feliz cumpleaños, mi valiente, mi amor, mi princesa. Te amo con todo mi corazón y siempre estare aquí para apoyarte en cada paso de tu camino. Adelante, hacia un futuro brillante y lleno de posibilidades.

Te quiero con locura. 

Gracias por leerme. 

«Un estrella con sabor a bolero»

«Un estrella con sabor a bolero»

Desde hace un par de días, entre los pliegues perdidos del universo, brilla una nueva estrella, una muy especial. Esta estrella no parpadea como las demás; su luz está acompasada al ritmo de bolero, moviéndose con gracia y melancolía por el vasto cielo nocturno. Es como un faro celestial que guía un alma hacia su próximo destino.

Se fue tal y como vivió. Nos dejó como ella quiso hacerlo, con calma, con sabiduría, con alegría y al son de la música que más le gustaba, la que solía contar. Ahora su alma asciende hacia el firmamento y se funde con la luz de esa estrella única, impregnándola del swing que su voz emitía al cantar. A partir de ahora esa estrella comenzará su danza, un baile etéreo que anuncia la llegada de un nuevo espíritu al reino de las estrellas.

Su partida dejó un vacío en el corazón de quienes la conocimos y queremos, pues su compañía no pasaba indiferente. Era maestra, de escuela y de vida, de canto y de sonrisa, de amistades y de familia. Al llegar a su nuevo destino, tal y como hizo entre nosotros, donde siempre la recordaremos, también desatará un murmullo de asombro en el cielo, lleno de alegría y música, con sabor a bolero. 

Siendo yo niño la recuerdo ayudándome con tareas, enseñándome a mover las piezas del ajedrez, cantando en uno de mis cumpleaños, a poner acordes en esa guitarra que tan grande me quedaba. Siendo maestro, me enseñó a enseñar a leer y escribir, me acompañó en mis primeros meses de profesión, en las presentaciones de mis libros…La estrella ya comenzó a brillar con mucha intensidad. Su luz titilante acaba de adquirir un matiz azulado al ritmo del bolero más nostálgico.

Y así, entre boleros y destellos, esta nueva estrella del cielo continúa su danza en el vasto lienzo del universo, recordándonos que, aunque los seres queridos se vayan, su luz nunca se apaga realmente, simplemente se transforma en parte del eterno baile cósmico.

Gracias por leerme.

«El regreso de Chiquita»

«El regreso de Chiquita»
Mi Chiquita, una de mis personas favoritas.

Chiquita es una adolescente bonita, simpática, dicharachera, habladora y muy inteligente. Las distintas demostraciones de tener una memoria prodigiosa, para lo que le interesa, ha hecho que en casa, a veces, la llamen «cerebrito». 

Si hay alguna característica que debo resaltar de su personalidad es, sin duda, el despliegue constante de su felicidad. Es una de esas personas que utilizan su amplia y permanente sonrisa para irradiar energía positiva por donde quiera que se mueve. Ella es y hace felices a los demás.

Como todas las adolescentes tiene sus momentos. Su cuerpo está en proceso de cambio y sus hormonas la hacen llorar, enfadarse, esconderse, encerrarse en su cuerpo…, o tras la pantalla de su móvil. No importa, aún en esas ocasiones, cuando asoma el hocico tras la puerta de su escondrijo, se le siente llegar gracias al aire fresco que forma el aura que la rodea. 

Es un espíritu aventurero, capaz de, tal y como ya ha demostrado en varias ocasiones, enfrentarse a nuevos retos y a cambios importantes que la han hecho crecer, madurar y disfrutar de grandes y nuevas experiencias.

Hace un mes se marchó para experimentar una de esas vivencias en un país extraño, con otras costumbres, en una casa que no es la suya y con unas personas que no son su familia. Su historia es todo un éxito. 

Ahora regresa, con la maleta llena de vivencias, con la cabeza ocupada de nuevas y grandes expectativas de vida y con el corazón trastocado, por dejar atrás a tanta gente que la han acogido como una más de su familia, como una más de la pandilla, y por volver con los suyos. 

Hoy les hablo del retorno de mi Chiquita, la más valiente y preciosa niña. El regreso de una de mis personas favoritas, mi hija. 

Por fin vuelves, ¡te he echado tanto de menos! Estas letras son tu primer abrazo. El otro mañana.

Gracias por leerme.

«El regalo que no podía faltar»

«El regalo que no podía faltar»

Una vez más, un año más, para Luis, la mejor mañana del año es la del 6 de enero. Le hace muchísima ilusión levantarse con cara de sorpresa y dejarse atrapar por el griterío de los más pequeños al ver la pila de regalos que, apareciendo misteriosamente durante la noche, ocupan el suelo del salón de la casa. 

El, como todos los de su familia, se levanta de su cama con una gran expectación, manteniendo así viva la magia, por abrir los regalos llegados desde Oriente. 

Desde lejos, en medio de la algarabía, ve uno de los paquetes con su nombre. Sonríe. Sin llegar a tocarlo, sin decir nada a nadie, sin necesidad de acercarse a él, desde la distancia, con tan solo la eficacia de la primera mirada de alguien que ya ha visto mucho en su vida, sabe a la perfección de qué se trata; ayuda a esta deducción, el hecho de que todos los años le toca uno de esos paquetes.

Ya relajado el ambiente y calmados los nervios de los primeros momentos, todos sentados en corro, ocupando cada silla y cada cojín, aunque sea en el suelo, los más pequeños se ponen a repartir los paquetes. La consigna es que hay que hacerlo de uno en uno, con calma, esperando a que la persona seleccionada abra su paquete y muestre el contenido a toda la familia.

Cuando llega su turno, tal y como era de esperar, aquel paquete fue el primero en llegar a sus manos. 

Lo palpó, escuchó las bromas y los ánimos para que lo abriera y, como no, allí estaban, no podían faltar: tres pares de calcetines. Al menos este año eran con dibujitos. 

Gracias por leerme.

«Una aparición inesperada»

«Una aparición inesperada»

Al parecer él no lo vio venir. Iba vestido con su traje de corbata de color oscuro y su sombrero Fedora, negro y de ala mediana, para más indicaciones. Cruzó la calle sin darse cuenta del coche que, a velocidad ordinaria, subía en dirección a la carretera general, hasta casi colisionar con él. Por suerte no lo hizo. El hombre miró al coche, no hizo ni un gesto de desaprobación o de enfado, tampoco infirió ningún exabrupto o gesto hiriente. Nada, como si no le hubiera importado, solo fijó la mirada en la acompañante del conductor.

Las luces de la noche apenas alumbran la calle. La escasez de estas hace que las sombras superen con creces los momentos de claridad. Conducir así no es fácil.

Tras el grito que dio la acompañante el conductor no tuvo más remedio que frenar. Lo hizo en seco, a lo bruto, en un acto reflejo, sobresaltado por el chillido de su pareja.

No venía nadie detrás, ¡menos mal!, eso facilitó la inoportuna maniobra, que realizó bruscamente tras el susto recibido.

–¡¡Pero…, se puede saber por qué coño…!! –gritó altamente sorprendido.

–¿No lo has visto? –contestó ella con voz temblorosa.

–¿El qué?

–¡A mi padre!

–Pero, ¡qué coño dices!, ¡es que te has vuelto loca!…

El conductor, tras recuperar el aliento y asegurarse de que no venía ningún vehículo, se cayó. Volvió a encender el coche y arrancó, intentando recuperar la calma y la velocidad.

Ella miró hacia atrás. La carretera continuaba a oscuras, con apenas el reflejo de una farola que ahora se alejaba. Estaba segura de lo que había visto. Sus manos seguían temblando. Su estómago se había encogido. Estaba segura que aquel hombre que cruzaba la carretera y la había mirado era su padre. Solo que allí no había nadie y el hombre que suponía haber visto ya hacía más de cuarenta y cinco años que había fallecido.

Gracias por leerme.

«La magia de un día de Reyes»

«La magia de un día de Reyes»
Magia siempre presente.

Las princesas duermen tranquilas hasta que la luz de las estrellas les abren los ojos y pueden empezar a soñar. A compartir su magia.

Esa es la sensación que tuve cuando, el día de Reyes, mi princesa, la pequeña de la casa, la enana…, mi niña, nos sorprendió a todos sacando de la manga, como si de una experta prestidigitadora se tratase, un sobre de regalo para cada uno. En sus ojos estaba ese refulgir característico de la emoción. 

Hasta ahora los Reyes Magos seguían en su trono. Los secretos, las palabras conspiradoras, las señas…, todo se mantenía igual., cuando se acercaba la fecha. Todos creímos que la magia, se mantenía oculta dentro de su botella de cristal, esperando a ser abierta para sorprender, un año mas, a cada uno de la familia.

Fue ella la que este año nos sorprendió a todos, con su entereza, con su sonrisa complice y con sus ganas de compartir la magia que durante todos estos años aprendió. Ahora la utiliza en su favor para mantener la tradición de esta fabulosa noche.

Mi sobre, mi regalo, de color rojo, como el rojo fuego que emana de su gran y potente corazón, o el de los colores que acudieron a matizar y dar vida a sus mofletes, guardaba una frase, que, si me lo permites, me la quedo para mi. Solo te cuento de que, en pocas palabras, expresó todo el amor que lleva dentro, todo el amor que sentimos el uno por el otro. 

No lo pude evitar. Las lágrimas corrieron por mi cara, al igual que ahora que te lo cuento, como el agua de los riachuelos, ladera abajo, dejando ese pequeño surco y la sonrisa de la tierra cuando el líquido elemento esperado llega.

La niña ya no es tan niña. Crece pero con la magia enseñada y con la ilusión de que mantener este bello juego, regalando unas palabras de afecto, es expresar amor y sinceridad a las personas que te rodean.

Gracias por leerme.  

«Una cuestión de bolas»

«Una cuestión de bolas»
¿Bolas?

Pues al parecer la cosa hoy va de bolas; que por cierto viene bien en esta época del año.

Sin duda alguna escuchar que alguien te diga que te va a «coger por las bolas» es muy desagradable, aunque no pegue mucho con los supuestos buenos propósitos que empiezan a inundar el ambiente festivo que empezamos a tener a nuestro alrededor.

Una buena respuesta a ese comentario tan soez, que no pasará desapercibida y que probablemente genere un efecto belicoso por la otra parte, sería «no me toques las bolas». No es la idea de este relato esquinero de hoy.

Parece que hoy me estoy enredando las bolas. Puede incluso que pienses que «no doy pie con bola», ya que al parecer me está costando desenredar este ovillo, por no volver a decir bola, de lana en la que se esta convirtiendo este texto. Puede incluso que hasta me digas que eres tú quien está «hasta las bolas».

Para serte del todo sincero decirte que de las bolas que quiero hablar, no on de esas que se citan o insinúan en esas expresiones. Hoy te quiero nombrar las bolas de mi madre. 

Si la conoces, crees que sabes a lo que me refiero, pero tampoco me refiero a esa bolas, sino lo que en verdad quiero resaltar es una de sus manualidades que, como decía al principio, tienen mucho que ver con estas fiestas.

El árbol de Navidad de mi casa está decorado con las bolas que hizo mi madre. cOn las que lleva haciendo ya unos cuantos años y de las que siempre nos regala alguna para ir aumentando la colección. 

Hechas a mano, una a una, con cariño y precisión extrema, cada una de ellas es distinta a las otras; decorada con piedras, lazos, nudos o cualquier pequeño detalle que ha caído en sus manos durante todo este año. ¿No me digas que no es para «darle bola» y presumir de ello? 

Pues ya plantado el árbol, con tanta bola y tanta coba, como verás sí que tenía que ver con esta época. ¿Como has decorado tu árbol? ¿Tienes alguna pequeña tradición al hacerlo? ¿Te apetece ver mis bolas?

«Una cuestión de bolas»
¡¡¡Por la bolas de mi madre!!!

Gracias por leerme.

«El tío gilipollas vuelve al ataque»

«El tío gilipollas vuelve al ataque»
SOy gilipollas y este un tonto a mi lado.

Hace dos años y unos pocos días que publiqué una entrada en esta esquina titulada «Modo tío sufridor, activado» (Si eres de las pocas personas que no te reíste de mi, por aquel entonces, ahora tienes una nueva oportunidad para hacerlo). 

Debo ser gilipollas. Corrijo, ¡soy gilipollas! Pese a que por aquel entonces aseguré de que tenía una orden judicial, que me eximía de quedarme con mis sobrinos, al menos, durante diez años y un día, mañana volveré a picar ya que me he comprometido ha quedarme con ellos todo el fin de semana. Sí, ¡todo el fin de semana! Después lo que sufrí. Entiendes ahora porqué digo que soy gilipollas. Eso o que en el fondo quiero a los enanos. Bueno, o ambas cosas, que no tienen porque estar separadas. 

Al parecer el plan y las condiciones del préstamo, son menos exigentes que la vez pasada. La celiaquía del pequeño (tres años) está «controlada» —esto significa que ya sabemos qué puede comer y qué no, y, por lo tanto, no vomita como si fuera la niña del exorcista, que fue lo que ocurrió la otra vez, cada vez que le enchufaba el biberón con gofio, o un pedazo de pan…—. Por otro lado, la mayor (cinco años) es consciente de lo que va a ocurrir y la figura de apego a su madre, en teoría, está más superada. «Los niños no lloran» dice la madre… ¡ya veremos! Yo recuerdo verlos, como dice el padre, con la boca tipo buzón y los ojos achinados del esfuerzo por tanto llanto.

De todas formas, no me fío un pelo. Si has leído el escrito anterior —tienes el link más arriba—, la otra vez comencé, según empezó el fin de semana, a escuchar unas risitas en mi cabeza, probablemente fruto de una locura transitoria, que espero ya tener superada, por lo que, esta vez, pienso estar bien atento a todo lo que suceda y, bajo ningún concepto, dejarme liar —(jejeje), ¡ehhhh!,  ¡no empecemos!—. El plan es el siguiente:

Viernes tarde: Recojo a los niños en el cole. Para ello tengo un carnet que me autoriza, pijos que son en ese cole. Vamos a casa. Paseo para cansarlos. Ducha, cena —(jejeje) ¡Sí, lo sé!, que el niño es celiaco!; tortillita francesa y a la cama. —Por cierto no le digan nada a mi hermana pero tengo un bote de jarabe antihistamínico, recomendado por una farmacéutica amiga, que los hace dormir como benditos (jejeje), ¡ups!, pero solo será suministrado en caso de extrema necesidad y por si…, bueno, según indica el prospecto, no para otro fin. 

Sábado: Madrugar. En esto ya estoy sobre aviso, por ser tío gilipollas que lo he admitido. ¡Todos para la playa! Nada mejor que coman un fisco de arena —¿Le hace daño a los celiacos?, (jejeje) espero que no—. Ducha, almuerzo, siesta, parque, ducha relajante, jarabe —¡ups! error del teclado, quise decir ‘a dormir’.

Domingo: Madrugar —¿ves por lo que digo lo de gilipollas? ¡dos días seguidos!—. Se repetirá el plan del sábado. Menos por la pequeña salvedad de que, como la madre de las criaturas llega a las 15:10 es muy probable que desde las 12:00 la esté esperando, cual tío gilipollas,  con los brazos abiertos, en el aeropuerto. Imagino que tendré la suerte de que la compañía aérea adelante la llegada de todos sus vuelos, para así compensar el daño que nos ha causado estos años atrás (jejeje). En caso contrario, (jejeje) es muy probable, que el bote de jarabe me lo haya tomado yo y verás a este tío gilipollas, totalmente dormido en uno de los incómodos bancos de la sala de espera del aeropuerto, mientras mis sobrinos saltan sobre mi. Si llegara el caso, te ruego que les des de comer, pero recuerda que el enano, es celiaco, y yo el tío más gilipollas que has visto nunca.

¡Ya les contaré!

Gracias por leerme.