Recomendaciones para quedarte en blanco

Desde siempre he sido un soñador; en muchas ocasiones, como hace usted, cuando duermo también sueño. Es genial.
En general soñar es fácil, es pensar, desear, imaginar…, podemos hasta definirlo como «representarse en la fantasía imágenes o sucesos mientras se duerme», lo difícil es lo que ahora le propongo; no pensar, dejar la mente en blanco.
Sueño que hay muchas formas de hacerlo, pero la que más fácil me resulta es la que utilizo cuando, sentado delante del teclado de mi ordenador, las ideas me atiborran el cerebro y se crea un caos que me imposibilita continuar. En esos momentos, me quedo en blanco.
Apoyo mi codo izquierdo sobre la mesa, justo a la izquierda de mi ordenador ─¿seré de izquierdas?─, y con mi puño cerrado ─¡ups!, va a resultar que sí soy de izquierdas─ dejo caer muy suave mi cara ─por supuesto el cachete izquierdo─ sobre él.
Los ojos miran fijos la pantalla. En un momento la imagen blanca con letras comienza a fundirse en una gran luz que origina el milagro. Logro traspasar, con mis pensamientos, con mi imaginación, el propio aparato. Mi mente viaja a la nada. Tras dos o tres segundos en este estatus, los ojos se cierran y la antigua visión blanca se transforma en una espesa cortina negra. No veo nada. Estoy en «blanco».
Regresar a la realidad es fácil: en ocasiones ayuda la mano dormida, la mala posición de la espalda, un ruido que sorprende… En mi caso abro la mano poco a poco y acaricio, muy fuerte, mis labios, los cachetes ─ambos─ y mis ojos. Para ser más precisos, restriego los ojos con mis dedos para que vuelvan a ver la verdad. Las ideas, las voces, las palabras que antes se agolpaban ahora están en su sitio. Estoy de regreso, puedo continuar con mi trabajo.

¡Prepárate para la novedad editorial!

En pocos días podrás adquirir mi primera novela; enmarcada en la clasificación de Literatura Infantil y Juvenil (LIJ), que supone mi estreno como autor. Espero que la disfrutes aunque tengas esos pocos años de más.
Abrir las páginas de Ancor supone acercarnos a la civilización que vivió en las Islas Canarias antes de su conquista. Descubrirás una apasionante historia en la que, a través de los ojos de un niño guanche, se te abrirán las puertas de un mundo lleno de aventuras, descubrirás momias ocultas, atacarás enemigos, poseerás amuletos mágicos,…y todo por el valor de la amistad y la lealtad.

El hada roja

Llevaba tiempo dándole vueltas a su disparatada cabeza; ¡las cosas debían cambiar! Marie, el hada roja del bosque, decidió que aquellos acontecimientos no podían repetirse, así que se calzó sus hermosos zapatos rojos y, con pasos firmes y decididos, se internó en lo más oscuro de la foresta.

Cuando llegó a su guarida descubrió que él no estaba. Era un personaje abominable al que todos los animales, incluso los lobos, le tenían miedo. Su aspecto zarrapastroso, peludo y grande le hacía convertirse en ser indeseable.

El hada miró a los lobos y los invitó a entrar al interior del escondrijo, fuera nevaba. Al poco rato de estar refugiados comenzaron los ladridos, aullidos y demás gemidos; ¡él estaba cerca!
Su bello cuerpo, poco a poco, fue llenándose de pelo y músculo, su transformación espantó tanto a los animales que, otrora momento la miraban absortos ahora la temían y odiaban.

Ellos huyeron; ella volvió a quedarse sola con su otro yo.