El atrapador de sueños

Jack y Ned andaban tranquilos por el campo; parloteaban, bromeaban, cambiaban impresiones sobre el paisaje… Era una costumbre que tenían desde hacía ya algunos años. Ellos, se tomaban el domingo de otra manera, a la par que disfrutaban de la charla y los sueños de su compañero.
El tiempo pasaba y, sin ellos darse cuenta, algo raro comenzó a ocurrir a su alrededor.
El mundo que ellos conocían, o al menos el que creían conocer, se desvanecía poco a poco, como succionado por un desagüe, bajo sus pies. Ambos se miraron y sonrieron. Ambos me miraron y sonrieron.
Yo, del otro lado de la historia, recogía la escena en mi pequeña caja mágica ─blanca, cúbica, inmaculada, personal e intrasferible, donde guardo, y a veces escondo, mis anhelos y quimeras─ mientras los admiraba complaciente por lo que les iba a ocurrir.
Al fin de cuentas todo era un sueño y además, era mío.

Unos y otros

Hace un par de semanas una pareja muy amiga tuvieron una preciosa niña. Hoy me entero que otra pareja, también muy amiga, están a la espera de su primer bebé. Entre unos y otros hay diferencias:
Los unos están cansados, con falta de sueño, sin tiempo para ellos, agotados. Los otros ilusionados.
Los unos limpian culo, babas, mocos, pipis…, los otros miran y desean comprar esponjitas y colonias, ilusionados.
Los unos cambian pañales, ponen lavadoras, planchan ropa, ordenan armarios…, los otros reciben los primeros regalos, ilusionados
Los unos dan la teta, preparan agüitas, curan el ombligo, ponen cremitas, quitan gases…, los otros ni se lo imaginan, ilusionados.
Los unos van al pediatra, a la enfermera, al registro…, los otros no saben lo que les espera, ilusionados.
Los unos y los otros, son y serán muy felices; al fin y al cabo lo peor son los primeros treinta y cinco años.
¡Enhorabuena!

El espejo de Luna

Entre las aguas tranquilas y plateadas, que lucen nuestros ríos y lagos, siempre aparece el resplandor de Luna; inmóvil, relajada, bella…, cada noche se asoma a este espejo para observar su esfera y lucir su brillo amable y tierno.

Cierta noche asomó su cuerpo por el balcón, para cumplir con su tradición nocturna, pero algo asombroso impidió su práctica, su espejo había desaparecido, las aguas no estaban, ¡era incapaz de verse! Ansiosa llamó a las nubes, las nubes al rocío, el rocío al viento, el viento a… Nadie pudo darle una explicación razonable de lo que ocurría, por lo que, nuestra presumida Luna comenzó a llorar.

El lamento se hizo intenso y de sus ojos brotaron caudales de lágrimas que poco a poco cayeron a la tierra.

Una voz, ronca y penetrante, acompañada de unos ojos oscuros y tiernos, rompió su sollozo:

─¿Porqué lloras? ¿Acaso dudas?

─¿Cómo?, ¿no ves lo que pasa? ¡No me veo!

─Pero eso no quiere decir que no estés, sino que no te ves. Ten paciencia, deja que el tiempo pase y… La voz, acompañada de sus ojos, desapareció.

Luna, tras seguir el consejo, veía como noche a noche, su cuerpo se transformaba hasta volver a ser ella misma. Siempre había sido ella, pero la oscuridad que la rodeaba le impedía descubrir su naturaleza.