El atrapador de sueños

Jack y Ned andaban tranquilos por el campo; parloteaban, bromeaban, cambiaban impresiones sobre el paisaje… Era una costumbre que tenían desde hacía ya algunos años. Ellos, se tomaban el domingo de otra manera, a la par que disfrutaban de la charla y los sueños de su compañero.
El tiempo pasaba y, sin ellos darse cuenta, algo raro comenzó a ocurrir a su alrededor.
El mundo que ellos conocían, o al menos el que creían conocer, se desvanecía poco a poco, como succionado por un desagüe, bajo sus pies. Ambos se miraron y sonrieron. Ambos me miraron y sonrieron.
Yo, del otro lado de la historia, recogía la escena en mi pequeña caja mágica ─blanca, cúbica, inmaculada, personal e intrasferible, donde guardo, y a veces escondo, mis anhelos y quimeras─ mientras los admiraba complaciente por lo que les iba a ocurrir.
Al fin de cuentas todo era un sueño y además, era mío.