«Si lo llego a saber…»

Aquí vinimos a descansar; se lo habíamos dicho desde el principio, pero no hizo caso.
Habló y habló hasta que quedó exhausta, momento que aproveché para huir escaleras abajo. Peldaño a peldaño llegué al rellano y, con sumo cuidado, abrí la puerta. ¿Cómo es posible? Estaba de nuevo, en el mismo salón, con el mismo ser que repetía una y otra vez las mismas palabras, los mismos gestos.
Yo había sido malo en vida y ahora, en el infierno, estaba condenado a no descansar, sino a revivir, una y otra vez, mi castigo. ¡Maldita sea!, ¿porqué fui un político corrupto?
(Ya sabes, ilustración en http://blogdejesusbravo.blogspot.com/ )