Ayer fue un día que pasó desapercibido,
entre el ruido de los gritos y los coches,
el más fuerte lamento recibido,
de una niña o niño entristecido,
tras no pocos duelos y reproches.
La poesía de siempre se olvida,
como se olvida la siempre muerte,
que tras una larga y grata vida,
nuestros andares de aquí, nos pida,
sin espera ni sigilo, siempre ardiente.
Ayer, en un despiste por completo se pasó
el día inesperado por todos, el de la poesía,
que alguien, en despachos, algún día dedicó,
a las palabras que de amor y muerte siempre habló,
palabras que con rima a la vida cantan cual travesía.


