«El protagonista»

Prisionero de su esfera, protagonista; así era como se podía sentir aquel individuo que no paraba de hablar, o al menos eso me parecía a mí que lo observaba desde mi posición privilegiada.
El susodicho tenía la palabra. Para ser más exactos, no había dejado de tenerla desde que el acto comenzó. Se aferraba al micrófono como herramienta tenaz para hacerse oír y llevar su voluntad a todos los corazones de los presentes.
Ahora habla de mí. Me señala. Me da las gracias. ¡Me envía al cielo!
¡Desde luego!, es mi funeral y el protagonista es él,  ¡habrase visto!
Quiero que pare. Me aburro.

«22 de abril: Día mundial de La Tierra»

Amanecía. Las sombras de las montañas, poco a poco, emprendían su larga huida sobre los cuerpos húmedos de las sabanas, las llanuras y los prados.
En las playas, los rítmicos movimientos de las olas y el viento despertaban a las arenas.
Los animales estiraban sus cuerpos. Las plantas alargaban sus hojas, abrían sus flores. Las aguas de nieves, ríos, arroyos y rías, continuaban sus andanzas. La humanidad seguía en sus trece.
Tierra, agua, animales, plantas… se desperezaban con la esperanza de que, al menos hoy, hombres y mujeres unieran sus fuerzas para defender lo más preciado de nuestra herencia, nuestro planeta, para así poder dejar a sus hijas e hijos, un lugar hermoso donde amar, soñar, jugar…vivir.
¿Qué podemos hacer para aportar nuestro granito de arena?
(Más info sobre este día en http://es.wikipedia.org/wiki/Día_de_la_Tierra)

«Instrucciones para abrir una puerta»

Me encuentro a más de veinte metros de mi casa. Ya tengo el llavero en las manos. Antes de llegar he elegido, de entre todas las piezas metálicas y con mucho cuidado y acierto, ese pequeño instrumento que me permitirá entrar a mis dominios, la llave. Según nos sirva para abrir uno u otro portal, tiene una forma, ranuras, tacto, colores…, diferentes. Pero común a todas ellas es que intenta servirnos para afirmar la intimidad y la seguridad de nuestro hogar.
La cojo con fuerza.
Con mucho tino la introduzco por el orificio, horadado al efecto, hasta no poder más. Con mi mano izquierda agarro el pomo. Tiro hacia mí, mientras la mano derecha hace girar, en dirección a las agujas del reloj, el instrumento que con tanta mesura, hace ya unos segundos, saqué de mi bolsillo. 
Desde el interior de la pesada puerta noto como los bornes giran, una y dos, hasta permitirme empujarla hacia el interior.
Con este simple y automatizado ejercicio, logro liberar, en un primer momento, los aromas que de manera tan celosa guardo en el interior de mi hogar. En un segundo momento siento los ruidos, los recuerdos, las cosas, los besos… las obligaciones.
Estoy en casa.

«El General desesperado»

¡Imbéciles! gritó el General, enfurecido, a la vez que golpeaba la mesa!
Pero mi general, hacemos todo lo que podemos Contestó cabizbajo el joven Alferez.
No es cierto. He dicho que giraran a la izquierda, no a la derecha.
Pero mi General volvió a intervenir si van al río se ahogarán.
Por eso les llamo imbéciles, ¡imbécil! dijo llevándose las patas a la cara para esconderse tras ellas.
General, las hormigas no saben de partidos políticos.
¿Qué?, ¿de qué me habla?
De izquierdas y derechas contestó concentrándose en los prismáticos ¡Se ahogan!
¡Que lloren! ya desesperado.
¿Para?
Para que se desahoguen.

«7 de abril: Día mundial de la salud»

Como una extraña parodia de lo que le sucediera al Sr. Scrooge en «Cuento de Navidad», anoche me visitó el fantasma de Doña salud. Era un espectro feo, por momentos flaco y en otros obeso, débil, con mal aliento, flojo, impertinente y desaliñado.
   Me presentó lo que era; una persona maleducada y malhumorada, que apenas hacía caso a mi familia y que, sobre todo, comía fatal. Todos los días llevaba al colegio bollería industrial e iba sin desayunar, almorzaba fritos, merendaba dulces y chuches… año tras año, curso tras curso.
   Al ver mi pasado descubrí, con gran asombro, como, cuando era más pequeño, me comía todo el potaje, la rica fruta que me daban, jugaba en el parque, corría y hacía ejercicio…hoy nada, paso horas en el ordenador, la consola, la tele…
   Fuimos al futuro. Mi vida es un asco. He engordado tanto que no veo la punta de mis pies. La salsa de los perritos me mancha la camiseta. Me babo. Me paso el día en el sofá, la gente no me visita al fin y al cabo tengo un humor de perros, no tengo amistades…
   No sé que hacer. Acabo de levantarme y he descubierto la nota que me ha dejado este incómodo espectro sobre la mesita de noche.

¿Qué puedo hacer para cambiar mi vida? ¡Ayúdame! 
(Más info en:http://www.who.int/world-health-day/es/ )

«La leyenda del capitán»

Como cada mañana, el capitán Hudson estaba en el muelle. Tras lo ocurrido tiempo atrás, pasaba las horas muertas con la mirada perdida en la mar.
Hoy hacía justo un año del accidente.
Fue en una mañana fría, como la de hoy. Se encontraba de guardia en el puente cuando un cántico llamó su atención. Salió de la cabina y se alongó por la amura de babor. Sobre unas rocas creyó ver a la más bella de las sirenas, que absorta en sus pensamientos, no se percató de su presencia.
Un fuerte crujido se dejó sentir desde la quilla. Aquel cascarón había chocado. Se partía en dos.
Ella desapareció. Él juró no volver a perder de vista su responsabilidad. Se sabía culpable.
El tiempo pasó y su deseo se cumplió.
Su cuerpo, ahora convertido en noray cumplía su fin.
De la sirena nada se supo, pero hay algunos que aseguran verla rondar por el muelle en busca de su Capitán.
(Imagen de: «El País Semanal» nº 1.747. Domingo, 21 de marzo de 2010)