«30 de mayo: Día de Canarias»

Tolomeo hablaba de «Aprositus», la isla a la que no se puede llegar. Tras sus pasos, muchos intentaron descubrir San Borondón. Nadie lo ha conseguido. Quizás es cierto que no exista. Quizás es sólo un espejismo producido por los rayos solares o quizás es sólo un sueño. ¿Un sueño? Imaginemos por un momento que es sólo un sueño.
Las olas del mar batirían sobre sus playas. La vegetación sería tan exuberante que los propios dioses, de antes y ahora, la querrían para sí. Sería afortunada. Estaríamos en una tierra que conservaría todo lo que, ahora, hemos perdido: laurisilva, agua, belleza…, identidad.
El tiempo ha pasado. Los sueños, sueños son, pero nuestra casa, nuestras islas,  son reales y quieren ser una.
En ellas vivimos y nos relacionamos. En ellas nacemos y en ellas moriremos.
Quizás no podremos recuperar una isla misteriosa a la que nadie a llegado nunca pero, con poco que hagamos en nuestro entorno más cercano, sí podremos defender lo que nos queda y mantener el sueño latente.
¡FELIZ DÍA!, sobre todo a los que el destino ha llevado fuera de tu tierra.

«Los cuentos cambian»

No dije que lo sabía pero conocía los hechos desde hacía meses. Ahora había llegado el momento y por fin me marché de casa, dejándolo para siempre. Lo cierto es que descubrí que se veía a escondidas con una de mis hermanastras y eso, señoras y señores, no puedo soportarlo. Ya está bien.
En un principio todo fueron promesas, regalos, zapatitos de cristal… pero, de un tiempo a esta parte, nuestra relación se había enfriado. Ahora conozco el motivo. No importa, el paso ya está dado.
Los príncipes ya no son lo que eran y yo, al fin y al cabo, soy La Cenicienta. Continuaré con mi cuento. 


«Tras el espejo»

Había una vez un espejo. Había una vez una niña que atravesaba ese espejo… tod@s conocemos más o menos la historia pero, ¿qué pasaría si el mágico cristal se rompiera? En principio, no cabe duda, Alicia no podría retornar al mundo real. Supongamos, por un momento, que fue eso lo que ocurrió:
El tiempo se detuvo. Alicia no paró de llorar durante días. Cansada del gran manantial de lágrimas que manaba de sus ojos, la reina de corazones, decidió emitir un edicto para que aquel lamento cesara o le cortaba la cabeza. Se equivocó.
El sombrerero loco, con mucho sacrificio, prometió regalarle, a cambio de su silencio, su sombrero de diez chelines y seis  peniques. Pero aún así… continuó.
El conejo blanco, nervioso, como siempre sólo la rodeaba y rodeaba mirando su reloj y repitiendo sin cesar: «¡Dios mío!¡Dios mío!¡Qué tarde voy a llegar! ¡Qué tarde voy a llegar!». No solucionó nada.
Ante tal estrepitosa escena, el gato de Cheshire, decidió volver a intervenir. Esta vez no hizo desaparecer la cabeza, o un pedazo de sí, sino, más bien, todo el cuerpo y el resto del decorado.
Su magia había avanzado tanto que se olvidó controlar la fuerza por lo que, Alicia, ahora, por fin, estaba allí, tras el espejo, plantada en medio de la carretera, con árbol y todo.
¡Casi me mato!, menos mal que conduzco despacio.
(Imagen de: «El País Semanal» nº 1.750. Domingo,  11 de abril de 2010)

«18 de mayo: Día Internacional de los museos»

Como por arte de magia la tapa del enterramiento de aquella momia se movió dejando ver de manera clara sus antiguos y raídos huesos. Por un momento, los más pequeños, aunque deseosos de aventuras, chillaron espantados por la imagen que ahora se abría ante sus atentas miradas. Un haz de luz iluminó la habitación dándole un aspecto tenue y misterioso. Una voz, proveniente de la ultratumba, inundó nuestros sentidos con rezos y vocablos en un antiguo idioma para nosotros del todo incomprensible pero que otorgaba al momento un halo especial. Continuamos marchando. Las distintas escenas se abrían a nuestro paso permitiéndonos acceder a los grandes secretos allí guardados y ahora compartidos para siempre. Sin duda aquel era un lugar mágico. Hay cientos como él, ¡salgamos a descubrirlos! 

«Consejos de una madre»

La de los días de lluvia oí decir a mi madre como recomendación. A mi modo de entender se equivocaba del todo. Hoy hace un día fantástico por lo que no entiendo esa seguridad en su voz.

Las horas han pasado. El cielo encapotado y el fuerte olor a humedad hacen que todas volvamos a casa raudas, después de hacer las tareas. La distancia que nos separa de nuestro hogar es larga. Seguro que me mojo. Tenía que haberle hecho caso y coger las alas de lluvia. Ahora me arrepiento, quizás por eso dicen que madre solo hay una. La mía es la reina del panal.
(Ilustración en: http://blogdejesusbravo.blogspot.com/)

«Ellos son así»

Alberto, tras varios meses como náufrago en una isla desierta, descubre que se acerca un bote con una bella mujer remando en su interior.
¿De dónde has venido? preguntó ¿cómo has llegado hasta aquí?
Remé desde el otro lado de la isla respondió ella, donde estoy instalada
desde que se hundió mi crucero.
Y, ¿ese bote?
Lo hice con ramas de árboles y hojas de palmeras.
Pero,  ¿dónde encontraste las herramientas?
Localicé una piedra muy inusual que, una vez triturada, se hornea muy fácil en el  horno de barro que me fabriqué.
El tipo, anonadado, se va con ella a su casa. Al llegar a un pequeño embarcadero, también construido por Isabel, no puede creer lo que ve: un camino hecho de piedras que llega a un hermoso bungalow, pintado en azul y blanco, muebles hechos a medida, cortinas de restos de velas…, ella dice:
No es nada del otro mundo. Por favor siéntete como en tu casa.
Perplejo, descubre que su nueva compañera ha fabricado un alambique con el que destila licores, tiene agua corriente tras idear un sistema de tuberías, agua caliente gracias a unas placas solares construidas a partir de láminas de «papel Albal», máquina de afeitar hecha con huesos de tortuga… No podía salir de su asombro.
Tras charlar largo rato y tirándose prácticamente encima de él ella le dice:
¿Hay algo más que pueda hacer por ti?
Alberto, llorando, dice:
¡No me digas que podemos ver el final de la liga!

(Basado en un chiste que me envió, desde la Maxorata, mi buen amigo Pepe)