«En su honor»

Había una vez un individuo sentado en un sillón. Tras horas de lectura sintió un fuerte escalofrío cuando, en su mente, vio «El evangelio según Jesucristo», una obra increíble por culpa de la cual había tenido que marcharse de su país natal. Tras horas de imaginar cómo sería la «Tierra de pecado» descubrió, a través de la «Claraboya» que nunca vio la  luz,  lo que diera «Probablemente alegría» a todos los vecinos, ya que, «Levantado del suelo» y con clara nitidez, descubrió el «Ensayo sobre la ceguera» donde «Todos los nombres» quedarían reflejados para siempre.
            El personaje durmió. Una vez despertado por la pesadilla de sentirse «El hombre duplicado», y tras hacer «El viaje del elefante», se introdujo en el oscuro vientre de «La caverna» desde el que haría su último «Viaje a Portugal».
Tras jugar con los títulos de algunas de sus obras, in memoriam, te invito a que escojas uno y lo leas. 

«Comida sorpresa»

La cena se enfriaba en la mesa. Los niños correteaban alrededor del abuelo que, con la baba caída, dormitaba a la espera del resto de la familia.
Mamá, cacerola y cucharón en mano, comenzaba a emitir alaridos a la vez que golpeaba los instrumentos, rabiosa. Los mayores se habían retrasado ¿Qué estarían haciendo? Todos teníamos hambre así que al sentir el fuerte enfado de nuestra madre, comenzamos a sentarnos.
Papá no tardó mucho en llegar. Iba acompañado de nuestro tío y nuestro primo mayor que, orgulloso y abanando los brazos en alto, encabezaba el grupo. ¡Habían capturado al otro misionero! También teníamos garantizado el almuerzo de mañana.

«5 de junio de 2010: Día mundial del medio ambiente»

Parecía increíble. Hacía mucho tiempo que Jonás y su padre no veían tantos animales juntos. Algo raro había pasado.
Mientras el niño contemplaba, boquiabierto, los andares de cebras y elefantes, los rugidos y gemidos de leones y hienas, las payasadas de monos, gorilas y cabras…, los mayores decidieron reunirse para intentar descubrir qué era lo que había pasado y, sobre todo, intentar averiguar cómo habían llegado hasta allí todos aquellas alimañas.
Tras horas de discusión, María, una niña de apenas cuatro años, llamó la atención del grupo. Jonás, subido a un árbol, hacía las delicias de todas las bestias que parecían reír, divertidas, las monadas y tonterías que hacía y la actitud de todos los adultos. ¿Cómo era posible?
Decidieron separarse en grupos para explorar aquel espacio, con el fin, de intentar descubrir alguna explicación. ¡Todo era atrezzo! Las casas eran de cartón piedra, la calle era de mentira, los edificios no eran reales. Estaban en el interior de una jaula.
Una voz, como en off, les habló.
Ya es tarde. Habéis perdido la oportunidad que os di para cuidar y defender el planeta. Ahora les toca a ellos.
Los animales aplaudieron la decisión. La humanidad, o lo que quedaba de ella, se convirtieron en tristes «monos de feria», simples espectadores como hasta el momento de la nueva realidad mundial. 
Y todo por no cuidar lo que nos rodea.