Había una vez una joven «Señora de rojo sobre fondo gris» que, escondida tras «La sombra del ciprés es alargada», soñaba con encontrar «El camino» para poder llegar a pasar, al menos, «Cinco horas con Mario».«La hoja roja» le devolvió de su ensimismamiento. Tras grandes paseos, «Por esos mundos», descubrió como «El príncipe destronado» leía un apasionado «Diario de un cazador» en las que podía recordar aquellas maravillosas «Siestas con viento sur» le devolvían a antaño, cuando «Los santos inocentes», de verdad lo eran, y aquellas «Viejas historias de Castilla la Vieja» repercutían en «El disputado voto del señor Cayo».
Ahora su cuerpo yace cubierto por «La mortaja» que otrora lo elevó a lo alto. Ahora su obra queda como testigo fiel de un talento que hasta «Las ratas» o «El hereje», siempre veneraron.
He jugado con algunos de sus títulos como pequeño homenaje. Ahora toca leer su obra.