«Un año más»

Como es de esperar, al menos por mi parte, otro año más los pronósticos se han cumplido de forma favorable. ¡Nos escapamos a la nieve! Y lo que es más importante, ¡volvimos enteros!
      En esta ocasión el viaje resultaba bastante especial. Era la primera vez que la pequeña de la casa nos acompañaba, así que decidimos viajar a Andorra, por aquello de tener pocas horas de viaje en guagua. Claro, no contábamos con la falta de colaboración de Spanair. El destrozo nos cogió de lleno, menos mal que estábamos organizados con una gran empresa que seguro que respondería.
       Nada más llegar al aeropuerto de Los Rodeos nos tropezamos con el segundo problema. La insularidad y la falta de todo de la que presume la compañía aérea líder de España hizo su presencia. ¡Más de dos horas y media de retraso!
        Al llegar a Madrid, descubrimos que nuestra confianza en la gran empresa tropezaba de lleno con su concepto de trasporte, supuestamente de lujo, ya que el dispensado para la odisea era del tipo que cubre la ruta Santa Úrsula-La Corujera. Así que apretaditos, me imagino que por aquello de no pasar frío, nos pegamos una paliza de ocho horas hasta llegar a nuestro destino. ¡Y nosotros que no queríamos viajar mucho! Menos mal que la Biodramina hace sus efectos y la deja frita. El otro no tiene problemas, ¡benditas maquinitas y videojuegos!
        Pero bueno, superadas las pequeñas inclemencias, nos pegamos cinco días maravillosos, de mucho esquiar, con un tiempo formidable, compras, balneario, paseos, cena con los amigos «medio gabachos» que hace mucho que no veíamos, risas… todo un placer.
        La vuelta a casa es siempre deseable, pero me deja con ese sabor de boca de querer más, con ganas de seguir allí. 
          Sin dudas estas son mis vacaciones favoritas que ahora deberé guardar en la caja de los recuerdos y esperar a que el año que viene pueda repetirlas. ¿Te animas?  

«Lo llaman arte moderno»

Reconozco que en el mundo del arte moderno soy un auténtico “totufo” ―para aquellos que me leen desde el otro lado del charco, quiero informarles que tal palabrota es un canarismo, sinónimo de tonto, torpe, incapaz, negado, inútil…―. Dentro de este mundillo hay algunas cosas u “obras” que parece que puedo entender. O no.
Hace unos días se inauguró ARCOmadrid 2012 cuyo objetivo principal es “fomentar la promoción y difusión del arte contemporáneo español”. Y, preguntó yo ¿qué hay más español que una estatua de Franco metido, cual Disney, en una nevera de refresco?
Al parecer este engendro es arte moderno. Yo no digo que no, pero de lo que sí estoy seguro es que ha dado que hablar, y mucho. No me cabe la menor duda de que el arte es, o pretende ser, la representación de las ideas, emociones…, del mundo ―según los ojos de la persona llamada artista―. Pues, en este caso lo logró.
Según mi corta entendedera ―al igual este es otro de esos canarismos―, que se haya hablado tanto de esta estatua no es otra cosa sino un reflejo de que, esta España nuestra, no ha superado al Generalísimo y que tenemos la sensación de que, aún tieso ―de ahí la alegoría de la nevera―, nos sigue observando y marcando nuestras vidas, la política, la justicia…
En fin tengo claro que esto del arte moderno es complejo y difícil de entender. Sin duda hay ciertas obras, y una es esta, que no me compraría, ni pudiendo.
¿Te imaginas levantarte todas las mañanas y encontrar a la susodicha ―¿canarismo? No― nevera, con tan feo fiambre dentro?

«Desde la cumbre»

Las botas que le llevaron ladera arriba son las mismas que tiene desde hace años. El aliento que le empujaba a seguir caminando era nuevo.
La cumbre se le había resistido, pero el premio valía la pena. Estaba dispuesta a enfrentarse a todo lo que se le venía encima. Sabía que no estaba sola, que contaba con el apoyo de todos los que le rodeaban y lo que era más importante, tenía su propia y poderosa fuerza interior.
Ahora, desde su posición, el mundo se rendía a sus pies. Sabía que la prudencia y la tranquilidad debían ser las características que dominaran su carácter en estos momentos tan importantes. Estaba orgullosa y llena de felicidad. Pero el camino es intrincado y lleno de peligros. Caminar, y más por estos senderos, siempre hay que hacerlo despacio, con calma, con los bastones bien apoyados y los pies pisando firmes las piedras del camino.
El camino de vuelta es largo así que recórrelo despacio. Disfruta de cada momento.