«Sueño o realidad»

Anoche soñé contigo. Entre los brazos de Morfeo sentí como tu cuerpo me rodeó con un deseoso abrazo tras mucho tiempo sin vernos.
     Recordé los momentos felices que vivimos juntos y aparté a un lado los más dolorosos recuerdos que atormentaron nuestra despedida, y de los cuales nunca llegué a desprenderme. En mis sueños hablamos y reímos durante largo rato, como lo hacíamos antaño, cuando nos fugábamos en la oscuridad de la noche para compartir y vivir nuestro secreto.
     Entre las sábanas, no siendo dueño de mis propios pensamientos, reviví lo hermoso que era ver tu cara iluminada por la sorpresa cuando acudía a verte sin previo aviso, con nuestros besos furtivos, con las miradas cómplices, las señas pactadas y secretas que nos hacíamos, o cuando el más leve roce de nuestras manos nos erizaba hasta el último poro de nuestra piel deseosa del contacto físico con el otro.
     Hoy no sé si aquello fue un sueño o realidad, pero al levantarme mis manos aún se mantenían impregnadas en el suave aroma de tu perfume tras la ahora tímida y corta despedida -tan distante de aquellas- y un único deseo me invadió, volver a repetirlo.

«Botella, edredón y reloj»

La cama de la bella Aysha se había enfriado. El feísimo edredón rojo, con flores estampadas, no calentaba como lo había hecho apenas hacía unas horas. Me encontraba  solo.
            Tras estirar mi adormilado cuerpo  miré el reloj y comprendí que, la mujer que hacía unas horas me había amado, se había marchado para siempre. Una botella de Whisky ahogaría mi pena. 

«La huída»

─Y no intentes escabullirte, que no va a servirte de nada ─dijo mientras intentaba retenerla con todas sus fuerzas.
            Ella continuó su huida calle abajo. Mientras esquivaba los pequeños baches y las piedras que se encontraba, sentía como aquellas palabras le retumbaban en su ser tal y como lo hace el eco a lo largo de las montañas. Tenía la necesidad de salir de allí, no podía esperar más.
            A la vuelta del primer recodo encontró una pequeña rendija por la que podía escapar y dejar de oír aquella letanía. Fue fácil, apenas le costó. Es lo que tiene ser agua en acequia vieja.

«No te mosquees»

Cosas increíbles nos suceden a todos, pero parece que cuando nos las cuentan cobran una especial relevancia. En la noche de ayer me entere de que a un compañero, de una de mis actividades extraescolares, le sucedió algo, para mi, del todo inusitado y merecedor de ser contado, espero que al susodicho no le de «mosca» que lo cuente.
Pues resulta que andaba el buen hombre en sus labores diarias cuando sintió un malestar en el ojo ─no sé en cual, y supongo que ahora no importa─ por lo que pensó que se le había metido algún «cisco».
Incomodo, como no puede ser de otra manera, al llegar a su casa decidió ir al baño, por aquello de mirarse al espejo para lavárselo con abundante agua ─que siempre es una buena recomendación─ y aquí fue cuando llego la sorpresa, por no decir susto.
Con el ojete a la funerala y el otro medio acojonado pudo ver como pequeños seres, unos siete según su propia crónica, nadaban tranquila y divertidamente en su cada vez más inflamado óculo.
Con el justo atropello emocional, y el consiguiente ataque de ansiedad, acudió al servicio de urgencias más cercano, desde el que fue derivado, ya con el ojo inflado como un globo cargado de gases, a una oftalmóloga competente para que solucionara la cosa.
El diagnóstico fue claro: una mosca había parido en su blanca esclerótica. Con sumo cuidado, e imagino que gran destreza, la galena fue cazando uno a uno a los miembros de tan asquerosa y pequeña camada.
Nuestro compañero ya se encuentra bien. Su ojo vuelve a ser suyo y los despiadados de sus amigos nos hemos cebado con su mal todo lo que hemos podido, incluido algún chistecillo sobre sus tendencias zoofílicas. 
También sabemos que la expresión «no te mosquees», ha tomado especial relevancia en su vida, sobre todo ahora, que pudo llegar a ser padre de septillizos.

«Artilugios en 3D»

Desde que tengo uso de razón, el mejor significado que he encontrado para  las iniciales 3D es: tocado/hundido o unas gafitas de cartón, con una lente de papel azul y la otra roja, con las que vacilábamos. Ahora, con el paso del tiempo y el avance de la informática se persigue la mejora de esta tecnología a tutiplén en cine, consolas, juguetes…
            Ayer tarde, por aquello de patear las rebajas, estuve echándole el ojo, sin ninguna intención más que la de curiosear, a un nuevo televisor que asegura una verdadera imagen en 3D.
Pues bien, según formulan en su anuncio publicitario, aseguran que el poseedor de tremendo artilugio podrá disfrutar de la más cercana realidad, de sensaciones casi verdaderas, de la posibilidad de «tocar» a los protagonistas y sentir, en primera persona, lo que ellos sufren en la pantalla, «salpicarse de acción»… Como no tengan cuidado terminarán inventando el teatro.

«La noche especial»

Ya vienen los de Oriente. Dicen que en una noche clara, si miras hacia nuestras montañas, descubrirás las tenues luces de sus linternas y antorchas, así como las peculiares sombras de sus monturas. Cargados de regalos, ilusiones y sorpresas sus majestades caminan seguros, rumbo a nuestros hogares, para cumplir, un año más, la hermosa y mágica tradición de esta noche.
En mi familia mi madre se ha encargado, desde siempre, de que hoy sea especial. Juntos veremos la cabalgata, nos iremos a cenar y juntos dormiremos en su casa, para que las primeras luces del amanecer despierten a los niños, y ellos al resto, con una sonrisa de oreja a oreja y los nervios, de todos, apoderándose de nuestros adormilados cuerpos para abrir, entre temblores y risas los paquetes. Después llegará el desayuno, uno de mis momentos favoritos. Diez personas luchando por el pan, la mantequilla, el roscón…
¡Felices reyes!