«Nieve en casa»

Termina diciembre, termina el año y aquí seguimos yendo a la playa. Para aquellas amistades que viven fueran de nuestras fronteras, esto de estar a veinte grados en el mes que estamos es todo un privilegio, estoy de acuerdo. De todas formas, Aunque te parezca extraño, y con el permiso pertinente del termómetro, en casa tenemos nieve.
            Blanca sí, pero lejos de lo que puedas pensar es cálida, como la sonrisa de mis hijos al mirarla, tocarla o jugar con ella. No moja, pero a veces empapa el suelo y la mayor parte del tiempo cala en nuestros cuerpos con su suave tacto, sus ojos y su rebosante vitalidad.
            Dirás que ya perdí el poco juicio que me quedaba, pero solo quería que supieras que en casa tenemos una nueva habitante. Como he dicho desde el principio se llama Nieve y es una preciosa perrita labradora de mes y medio.

«Triste Navidad»

Su historia de esta Navidad  no es de alegría y felicidad.
Hace apenas unos meses que se separó y el mundo aún se le cae encima. Por esas cosas de los divorcios, los niños pasaran la semana en casa de su ex. Algunos amigos ─que para eso están─ le ofrecieron pasar la velada en su casa, incluso alguno le invitó a ir de viaje, pero no le apetecía nada. Prefería quedarse en casa abrazando su tristeza y soledad.
            El plan de esta noche es sencillo. Pondrá una peli y para cenar preparará un buen plato de papas con huevo frito, un par de copas de vino y, de postre, unas truchas de batata. Será una noche normal.
            Lo que no sabe es que la magia de la Navidad está pululando a su alrededor. Con la llegada del nuevo año encontrará lo que siempre ha buscado, la felicidad eterna.
            ¡Feliz Navidad! 

«Mamá, me das un ‘taper’»

Yo soy de esos que, cada vez que tiene una oportunidad, no desprecio un ‘taper’ de casa de mamá. Este fin de semana, aunque conocía lo que en principio parecía ser una leyenda urbana, descubrimos que era cierto y cómo el concepto de llevarse un ‘taper’ de casa, puede llegar a límites insospechados y muy curiosos.
            Montaña Guajara, con sus 2.718 metros de altitud es el segundo pico más alto de las Cañadas. Su primera apariencia, de pared vertical y dura, se suaviza poco a poco a medida que asciendes por un sendero a priori invisible a la vista pero que se deja descubrir y recorrer sin muchas complicaciones.
            Llegar a la cumbre es una sensación siempre pletórica y más si esperas descubrir el secreto que aguarda oculto bajo una piedra. Desde hace años, dentro del goro ─círculo de piedra en canario─ que nos protege del viento, se esconde una libreta en la que todos los caminantes, que por aquellos lares paramos, podemos escribir lo que se nos ocurra. El diecisiete de este mes me llevé la sorpresa de que la famosa libreta ya son tres ─la última a punto de acabarse─ y que se encuentran protegidas en el interior de un ‘taper’, de los de mamá. ¡Genial idea!
            Por supuesto escribimos nuestros deseos y se los dedicamos a nuestra «Sister Churri» para que «la fuerza le acompañe» en su nuevo caminar.
Si algún día subes, no olvides deleitarte, no solo con el paisaje sino con las letras que tantos otros han dejado allí para siempre. 

«Martes 13»

En trece y martes, ni te cases ni te embarques. O al menos eso reza el famoso refrán que hace alusión a no tomar ninguna medida importante durante un día como el de hoy.
            Una vez escuché una historia ─me consta que hay más─ en referencia a por qué el número trece: Cuenta la mitología nórdica que Odín invitó a once dioses a su palacio, el Valhalla. En el transcurso de la cena se presentó, sin invitación, Loki, dios tramposo y amante del mal, con lo que el número de los presentes pasó a ser trece.
            Entre los juegos que se organizaron, empezaron a lanzarle cosas a Baldr, segundo hijo de Odín, que tenía el poder de la inmunidad. Loki, que sabía como vencer dicho poder, engañó a Hoor, hermano ciego de Baldr, ayudándolo a cargar y disparar una flecha construida con madera de muérdago. La saeta le atravesó el pecho y Baldr murió al instante. Desde ese momento trece personas en una cena es síntoma de que algo malo va a pasar.
            Entre otras cosas curiosas hay que reseñar que, al parecer,  un martes 13 se produjo la confusión de las lenguas en la Torre de Babel. También es habitual que los aviones no tengan fila 13.
Leyendo por ahí he descubierto que la fobia a este día se llama Trezidavomartiofobia ─nunca me acostaré sin haber aprendido algo nuevo─ y, antes de que me pase algo malo, será mejor terminar aquí e irnos a la cama, que mañana será otro día.

«La estrella de oriente»

Cuentan que hace muchos años, ya siglos, un astro guió a los Reyes Magos en su camino hasta Belén. Con su reluciente esplendor los monarcas fueron guiados con mucho tino y acierto hasta su destino.
            Hoy, pese a los avances de la tecnología y de la ciencia, hay caminos que se hacen más difíciles de recorrer: el cáncer, el hambre, la guerra…, la crisis.
Nuestros gobernantes miran al cielo en busca de una estrella de oriente que les guíe, pero esta, o no está o les habla alemán demasiado rápido y no la entienden. Nosotros, con los pies plantados en las trincheras de la lucha diaria con nuestros trabajos y familias, también buscamos nuestro propio cometa. A veces tiene forma de persona, de ídolo, de religión, de décimo de lotería… pero lo único cierto es que para seguir adelante, lo más importante es nuestro esfuerzo y creer en nosotros mismos. 

«¿Vamos a jugar?»

Por fin quietas. Tras horas pululando por la habitación, subiéndose a los sillones, tirándose los cojines y corretear por los pasillos, por fin están quietas. No hay nada mejor que convertirse en un niño para controlar a los niños. Estaba agotado. Tenía que haber inventado antes este juego y así poder ver con calma la tele.
No es que sean malas, ninguna niña lo es, son distintas. Lo malo es que mis sobrinas son muy distintas. La cosa ha sido fácil. Les he propuesto jugar a indios y vaqueros. Ahora las tengo atadas y amordazadas. Creo que he ganado el juego.