«A ritmo de la música»

La cena había sido fabulosa. Después de los postres y los licores, bailamos un rato. ¡Qué buena era aquella orquesta!
Como nuestros cuerpos se mantenían excitados por la música, el vino y el champán decidimos dar un paseo, cogidos del brazo, para poder bajar los efluvios del alcohol antes de irnos a la cama.
Paseamos durante un buen rato. La noche, aunque fría, estaba espléndida. Las luces de las estrellas iluminaban nuestros pasos. El deseo nos inundó. Antes de dormirnos hicimos el amor. Entonces todo cambió. La felicidad, y la sensación de bienestar, que teníamos desapareció humedecidas por las frías aguas del Atlántico que inundaban el camarote.
Lo que ocurre no puede ser cierto. Este barco era el futuro, nuestros sueños hechos realidad, y ahora, todo cuando deseábamos, se hundía.
Ya hace cien años que partimos del puerto de Southampton. Nunca llegamos a Nueva York. Pero la orquesta sigue sonando.