«Pequeños avances, grandes pasos»

El curso escolar esta a punto de terminar y, aunque parezca increíble, un niño de seis años, de nombre A, lo acaba de empezar.
Lo que a priori suena a contradicción tiene su explicación, como todas las cosas. 
A. ha tenido la poca buena suerte de nacer con problemas físicos y psicológicos, en el seno de una familia poco agraciada social, cultural, intelectual y económicamente. 
Son muchos los días que ha faltado al Cole. Unos por enfermedad, siempre justificada por su pediatra, y otras por desidia familiar, siempre justificada inadecuamente por sus padres. 
Cuando venía unos días seguidos, parecía que empezaba a entender algo de lo que ocurría en la clase, avanzábamos pasitos cortos. Después faltaba una semana, retrocedíamos con grandes zancadas. 
Ayer A. me sorprendió. Andábamos haciendo un pequeño dictado (el que ilustra la cabecera de este post). El, sentado en su sitio, parecía concentrado. 
Sin ninguna esperanza por mi parte lo llamé, al igual que hice con los demás, para simular corregírselo, ya que pensé que no había hecho nada. Grave error el mío. Su trabajo es la segunda foto.
Se que creerás que esta mal, puede ser cierto, pero te aseguro que esta imagen dice que, pese a todo, durante todo este tiempo, su pequeña y desamueblada cabecita, ha estado grabando. Es un pequeño avance, de los que hace que uno se anime y crea en la belleza de este trabajo. 
Lastima que acabemos el curso ahora. Mucho me temo que durante el verano A. no pueda continuar avanzando.