–Ayer
Ana me dio para merendar uno de estos con Nocilla –dijo la chica
señalando las bolsas de pan de hamburguesas.
Ana me dio para merendar uno de estos con Nocilla –dijo la chica
señalando las bolsas de pan de hamburguesas.
–Pero,
¿Tú no estabas a régimen? –infirió la otra con voz de asombro.
¿Tú no estabas a régimen? –infirió la otra con voz de asombro.
–Sí
es que…
es que…
La
conversación la escuché sin querer, por casualidad. Andaba caminando por el supermercado, tirando del carro, entre mis
pensamientos y eligiendo mi pan de molde favorito, cuando aquellas se
pusieron a mi lado y comenzaron la pequeña cháchara.
conversación la escuché sin querer, por casualidad. Andaba caminando por el supermercado, tirando del carro, entre mis
pensamientos y eligiendo mi pan de molde favorito, cuando aquellas se
pusieron a mi lado y comenzaron la pequeña cháchara.
En un
principio, sin haberlas visto, podría parecerme una conversación
más o menos normal, pero no salí de mi asombro cuando al girarme,
para encañonar con mi mirada el estante de la leche, descubrí que
las susodichas eran dos jovencísimas niñas –la mayor no pasaba de
diez y la pequeña tendría unos ocho– con sus cuerpos bien
rellenitos y su alma cargada de voluntad por mejorar su estética.
principio, sin haberlas visto, podría parecerme una conversación
más o menos normal, pero no salí de mi asombro cuando al girarme,
para encañonar con mi mirada el estante de la leche, descubrí que
las susodichas eran dos jovencísimas niñas –la mayor no pasaba de
diez y la pequeña tendría unos ocho– con sus cuerpos bien
rellenitos y su alma cargada de voluntad por mejorar su estética.
Coincidimos
varias veces. Por mucho que lo intenté, siempre me fijaba en ellas y
estudiaba sus comportamientos En todas las ocasiones alababan las
galletas, las chocolatinas, las papas fritas, las chuches… y su
madre, con cara de resignación y compromiso maternal, las iba
metiendo en el carro a la voz de:
varias veces. Por mucho que lo intenté, siempre me fijaba en ellas y
estudiaba sus comportamientos En todas las ocasiones alababan las
galletas, las chocolatinas, las papas fritas, las chuches… y su
madre, con cara de resignación y compromiso maternal, las iba
metiendo en el carro a la voz de:
–Bueno,
pero solo esta vez, que ya sabes lo que dice la pediatra.
pero solo esta vez, que ya sabes lo que dice la pediatra.
