«Unos nacen, otros…»

…Hasta
chocarse contra una pila de maderos. Después rodéelos, la entrada
está a sus pies.
Seguí
con mucho cuidado las indicaciones que aquel extraño personaje me
había dado. Enseguida encontré el lugar. La hojarasca cubría el
suelo por lo que tuve que agacharme para despejar el terreno. Bastó
rascar unos pocos centímetros para encontrar la tabla que hacía de
entrada.
La
levanté. El hedor golpeó mi nariz. Contuve la respiración y
descendí los primeros peldaños. La oscuridad me apoderó. Una tenue
nebulosa inundó mi cerebro haciéndome perder la noción de mi
propio ser.
Creo
que bastaron unos pocos minutos. Al salir de allí, y respirar el
aire fresco del exterior, podía notar como mi mente había cambiado.
Ya era un hipócrita, un mentiroso, un estafador. Tenía dos caras,
como el doctor Jekyll y Mister Hyde. Así que me arreglé el traje y
volví sobre mis pasos. ¡Ahora puedo ser concejal!

«Preguntas sobre palomas»

Tus
hijos son lo más valioso que tienes. Tu salud quizás sea lo
segundo. ¿Qué harías si tus hijos y tu salud estuvieran en grave
peligro?
Mi
lugar de trabajo, el mismo lugar donde más de doscientos niños y
niñas pasan la mayor parte del día, es un palomar. Lo lleva siendo
desde hace años, pero ya no podemos más.
Patio interno con cadáver.
El
problema es doble: Por un lado tenemos un patio interno, el que está
justo al lado de mi aula, al que le falta una o dos planchas en el
techo, por lo que todas las mañanas entramos caminando sobre plumas,
cagadas… y, en alguna ocasión, algún cadáver. El segundo, más
grave, radica en un hueco que existe en el tejado del centro por el
que entran cientos de éstos animalitos para anidar, defecar,
reproducirse, crecer, morir y pudrirse. Todos los días vemos como
esa mezcla se cuela por el techo y las paredes.
Investigando
un poco, y sin querer entrar en muchos detalles, he descubierto que
las
infecciones que producen las palomas se presentan usualmente de
manera gastrointestinal. Al defecar, el excremento contiene grandes
cantidades de gérmenes que, al secarse, se convierten en focos de
infección al ser barridos o transportados por el viento y la lluvia.
¿Será por eso por lo que nuestro alumnado sufre tantas
enfermedades?
Hay
que citar que a las palomas, entre su plumaje, les acompañan
ectoparásitos: pulgas, garrapatas, chinches, vinchucas, piojillos,
piojos, ácaros… y todos ellos pueden causar serias alergias al ser
humano. ¿Será por eso que nuestro alumnado y profesorado presentan
ronchitas y picaduras en piernas, brazos, abdomen…?
Además
de lo anteriormente citado, ¿sabes el nombre de algunas de las
enfermedades que pueden trasmitir al ser humano? Te las dejo para que
hagas tus propias preguntas: Histoplasmosis,
Clamidiosis, Salmonelosis, Colibacilosis, Crytococosis, Encefalitis
de San Luis, Alveolitis, Neumoencefalitis, Tripanosomiasis y
Tuberculosis.
Vista de unos de los tejados
Por
los tejados del centro no se puede caminar. Literalmente, te quedas
pegado a la capa de mierda
que lo ocupa. La cosa se complica cuando sabes que ese techo es de amianto y su manejo se hace difícil y muy peligroso.
Un
informe de Sanidad, técnicos de la Consejería de Educación,
expertos en plagas… avalan el peligro que supone y el grave
perjuicio que supone para la salud de todas las personas que allí
estamos y, mientras, el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, mira para
otro lado. Ya no podemos más.
¿Tú
trabajarías en un sitio así? ¿Qué harías como padre o
madre? ¿Qué harías si fueras político? ¿Estarías contenta de
que el centro educativo de tus hijos/as estuviera así de afectado?
¿Cómo puedes ayudarnos a solucionar este problema?
Si
crees que no es tan grave como lo cuento, ven a vernos.

«Necesito ayuda»

Acabo
de despertar. Por el pequeño resplandor de luz que veo entre las
lamas de la persiana deduzco que, como siempre, serán las siete o
siete y media de la mañana. Siempre me despierto a esa hora, o al
menos eso creo.
Pronto
llegará la enfermera del nuevo turno. Si mis cálculos no me fallan
hoy le toca a la guapa María. Es la única que demuestra un poco de
simpatía. ¿Quizás ella pueda ayudarme?
¿Qué
te pasa? Le pregunto. No me contesta. No es normal. Algo le ocurre.
Lo sé porque cada vez que entra en mi habitación lo primero que
hace es ponerse a mi lado, atusar un poco la almohada, mientras me
cuenta alguna anécdota de sus hijos o de algo ocurrido durante su
turno, y luego me acaricia la cabeza dándome ánimos con su suave
gesto. Hoy, no ha hecho nada de eso. ¿Qué le ocurre? Se ha marchado
sin dirigirme ni una sola palabra. Lo volveré a intentar dentro de
un momento. Lo bueno de las rutinas es que estoy seguro de que
volverá en unos minutos, tiene que: tomarme la temperatura, la
tensión, cambiarme el suero, la sonda… En fin, una serie de tareas
que la mantendrán a mi lado durante un buen rato. Es el que
aprovechamos para hablar. Lo hacemos desde hace algo más de tres
años, si la memoria no me falla, que a estas alturas ya no me fío
ni de mi mismo. ¿Qué me pasó? Una estupidez. Pero la mía ha sido
la última que he cometido. Había bebido mucho y no se me ocurrió
otra cosa que coger la moto. No hay nada más que contar, lo demás
te lo podrás imaginar. Llevo postrado en esta cama desde entonces.
Mi cuerpo no responde a mis pensamientos. Necesito un suero para
alimentarme, una sonda para mis necesidades, alguien que me limpie
las babas que se me caen por la comisura de los labios… No puedo
mover ni un solo músculo, salvo las pestañas. Y así me comunico.
Un guiño es sí, y dos significan no. Ya no lo aguanto. Los amigos
se han marchado poco a poco. Al principio venían todos los días,
luego empezaron a turnarse y ahora, con suerte, viene alguno una vez
por semana.
La
que más sufre con todo esto es mi pobre madre. Toda las tardes viene
y se sienta a mi lado. Me besa, me acaricia. Siempre llora. Cuando es
capaz de articular palabra me cuenta las cosas de casa, después lee
el periódico en voz alta. Supongo que para matar el tiempo y tener
algo más que contarme. Yo, de costado y con mis ojos plantados entre
sus tristes y amargas arrugas, también lloro. No puedo seguir siendo
la causa de su dolor.
Esto
no es vida. Aunque los de ahí fuera no me oigan, sé que puedo
decidir por mi mismo. Quiero pedirle a María que me ayude a dormir
para siempre. No deseo seguir siendo esta carga, Quiero morir
dignamente.

«Crónica del evento»

La
tarde no había empezado como teníamos previsto. Muchos mensajes al
móvil, al «guasáp», al correo
electrónico, presagiaban que faltaría mucha gente. Los nervios
empezaron a aparecer.
Por
un momento pensé que era una buena noticia que el brindis que
habíamos prometido no podía ser servido ―para
no variar por culpa de la crisis, pero no de la mía―
ya que sino el pedo sería glorioso y estaría comiendo chochos,
panchitos y manises durante un mes.
La
sala MAC, como siempre, impoluta, perfecta. La llegada de la familia
aplaca las mariposas del estómago. Poco a poco el resto de
asistentes van entrando. La MAC, termina por llenarse ―trescientas
personas según los sindicatos, diez según el gobierno y ciento seis
según mis cuentas, que para eso conté los asientos―.
Presenta
Elena Morales (Ediciones Idea). Continúa «el padrino», Don Manuel
González Álvarez (amigo y Viceconsejero de Juventud, participación
ciudadana y relaciones con el parlamento) que realiza una magnífica
intervención en la que, entre otras cosas, se centra en la
importancia de fomentar la lectura entre nuestros jóvenes.
No
sé porqué pero no puedo hacer una presentación sin liarla.
Comienzo con un cuento, cuya moraleja ―se siembra lo que se recoge―
me da pie para agradecer el cariño y el apoyo recibido y que sin
duda es la fuerza que me ayuda a continuar adelante. Empato con una
dinámica de grupo en la que cada persona recibe una hoja en blanco.
En ella deberá poner su nombre y la primera palabra que se le pase
por la cabeza. Nos uniremos por parejas para formar una frase. En
segundo lugar con otra pareja para inventar otra frase con las cuatro
palabras y por último con otros cuatro. Terminamos la acción con
cierta algarabía y con la lectura, en voz alta, de la frase
inventada en el último grupo. ¡Genial!, han salido verdaderas
joyas.

Por mi parte, me comprometo a, con todas las palabras, hacer un texto
que colgaré en este blog, indicando el nombre de la persona que la
propuso.

Llegados
a este punto y tras recordar, con otro pequeño cuento, que lo
importante son las personas que nos rodean ya que sin ellas no
seríamos nada, se monta una cola, como la del paro, para firmar
autógrafos.
Los
rezagados, que fueron unos cuantos, se quedaron sin libros. Los
asistentes se marcharon antes de hora, con los labios secos por la
falta de líquido para mojar el gaznate y con ruidos en la panza por
la incomparecencia de los «canapieses», tan merecidos como
esperados, pero con el espíritu lleno y una buena lectura para casa.

Gracias
a todos/as.