«El merodeador»

(Imagen extraída, sin permiso, de San Google)
Llevaba tiempo rondando aquella casa. Paseaba por la acera, de arriba a abajo, vigilando y observando los movimientos de todo el vecindario, pero sobre todo se fijaba en los que realizaban los propietarios de aquella vivienda. 
Hoy, por fin, tras alinearse todos los planetas a su favor, como si de una antigua profecía se tratara, decidió acudir a la llamada que sentía en su interior.
De manera sigilosa, accedió al patio que daba entrada a la vivienda. Aunque sabía quién estaba dentro decidió tocar y disfrazarse con su mejor sonrisa. Sabía cómo lo iban a recibir, conocía las normas básicas que regían la convivencia del lugar, pero no por ello dejaba de tener dudas.
Tras una segunda llamada al timbre, la puerta se abrió. Esperaba una bienvenida afectuosa, nada ostentosa. Pero aún así una última duda le hizo mirar atrás, comprobar la calle. Luego entró.
El tiempo desvelará lo ocurrido.  

«Los pasos de Daniel»

Hay historias que por su realidad, por su valentía o por su originalidad me asombran, ganándose el derecho de ocupar una pequeña parcela de esta esquina.

El otro día, atraída al colegio por la llamada que le hizo una de mis compañeras, conocimos a una madre coraje que nos contó la sorprendente historia de su familia.
Daniel es un niño de ocho años, vecino del municipio de la Victoria. Está aquejado de una complicada enfermedad, cuyo nombre me cuesta reproducir, y del que tiene el «extraño honor» de ser el único caso de Canarias. Su felicidad, pero sobre todo su bienestar, pasa por la necesidad de cambiar su actual silla de ruedas por una nueva. 
Aunque ya estemos cansados de repetirlo, la situación económica les impide hacer frente a esta situación ya que el problema radica en que el nuevo medio de transporte, para su tullido cuerpo, cuesta ocho mil euros.
Pero lejos de hundirse, o desmotivarse esta madre decide luchar e iniciar una campaña para recoger ese dinero, de la manera más original y más sencilla: en forma de tapones de plástico.
Necesita veintiocho toneladas. Sí, parecen muchas, pero entre todos podemos ayudarles, o no has oído eso de poner un granito de…, perdón un tapón.
MAS INFO EN: 
http://www.lavictoriadeacentejo.es/index.php?option=com_content&view=article&id=975:pasosdaniel&catid=1:latest-news

«Amor en el mar»

Extraída, sin permiso, de San Google.
A grandes zancadas sobre las olas viajó su imaginación. Con ella fue todo lo rápido que pudo. En su fantasía recorrió las miles de millas marinas que lo separaban de su amor, ahora en otro continente por una oferta de trabajo que no pudo rechazar.
La buscó entre las calles, por las esquinas, en el piso que tantas veces le había descrito, hasta que la encontró en el malecón. 
Se acercó a ella y con sus manos acarició su pelo. Con su boca besó sus labios.
Ella, al otro lado del mar, necesitó acercarse a la orilla de la playa. En el mar sintió su tacto.