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| Extraída, sin permiso, de San Google. |
Saturnino el pregonero, ataviado con su gorra de plato y su chaquetilla gris, se acerca al centro de la plaza.
Con su parsimonia habitual coloca el taburete y se sube con sumo cuidado. Hace tocar la trompetilla y todo el vecindario, ya rodeándole en círculo, guarda silencio para poder escuchar el pregón.
—Por orden del señor arcarde, ante la gran cantidad de guasap, llamadas, comentarios y cuchicheos, se hace saber, que es verdad que al maestro Guillermo se le fue la perola y que, por decisión propia, ha decidido hacer un pequeño paréntesis en su magisterio para seguir aprendiendo.
Lamenta no haber tenido tiempo para ir avisándoles uno a uno, pero acepta quedar para tomar un cortadito y un dulce con todas aquellas personas que les pique la curiosidad y tengan ganas de hacer más preguntas y de enterarse de la historia.
Y colorín colorao, ya te das por enterao.
