«Una felicitación navideña»

Ya estamos pisando
las Fechas señaladas en rojo en nuestros calendarios.
Por este motivo, las tEclas de mi ordenador han
decidido ponerse a jugar un rato. En este simpLe texto han
querido construIr un pequeño árbol con el que transmitir
el goZo que todos sentimos, al menos por unos días, la
necesidad de hacer felices a los demás.
            Serán unos días en los que Nada nos distraerá de lo que es más importante: nuestras fAmilias y amigos. Veremos como nuestras calles, ya
engalanadas, se llenan de transeúntes felices a la caza del regalo ideal para
sus seres queridos. Dejaremos de lado al sentimiento aVaro de las
sonrisas, para sustituirlo por una alegre expresión en nuestras caras. Sentiremos
los aromas de las comidas de empresa y de familia
en las que se brinda por tiempos mejores,
por los que ya no están, por los que vendrán o acaban de llegar. Le cantaremos
a la vida, a la paz y al amor… y a todas esas cosas.
            Con todo mi más sincero cariño, ya
te he dicho lo que te deseo.

«Una de ganso»



(Extraída, sin permiso, de San google)



Un año más, el pasado sábado celebramos la ya tradicional cena anual del ganso, la «Weihnachtsgans».
Al parecer, y según cuenta la leyenda, el día en el que iba a tener lugar la elección de los nuevos obispos, San Martín se escondió en un establo ya que no deseaba ser nombrado. Un ganso le delató con sus graznidos, revelando su escondrijo. A partir de ese momento se dio pie para usar al animal como pago de tributo el día de su onomástica, por tanto, a partir del once de noviembre, y hasta finalizar febrero, los germanos tienen la costumbre de vestirse de gala y comer ganso.
Nosotros, en compañía de unos buenos amigos y aprovechando el origen alemán de la familia anfitriona, hacemos nuestro especial brindis a la amistad reuniéndonos en torno a este fabuloso guiso. 
La degustación resultó exquisita. El animal en su punto, por algo ha estado varias horas, colocado de lado, al abrigo del horno, y cambiado de posición tras cuarenta minutos, para repartir de forma armoniosa sus jugos y conseguir que la carne quede jugosa y la pechuga  crujiente.
Otro aspecto importante es el vino, ¡que une que ser tinto!, y no blanco como, por despiste, pretendía el anfitrión. Menos mal que la bodega está surtida y pudimos subsanar el error, aumentando la cantidad de alcohol en sangre.
Por suerte, los “no invitados”, que nos turbaron la fiesta el año pasado, no se presentaron y pudimos llegar, sin hacer el ganso,  sanos y salvos a casa.

«La nueva especie animal»

(Extraída, sin permiso, de San Google)
Ayer, una vez más, quedé profundamente sorprendido al abrir la gaveta que guarda los calcetines. ¿Cómo es posible que tenga seis unidades divorciados, o viudos, de sus respectivas medias naranjas? ¿Dónde han ido a parar los ausentes?
Imagino que el proceso que sigue el calcetín en tu casa es muy parecido al de la mía. A saber: me los quito en el cuarto de baño. Tras ducharme, me pongo el pijama y recojo toda la ropa del suelo para llevarla a la cesta de la ropa sucia, que está junto a la lavadora. La distancia no es mucha. Me aseguro de que estén bien estirados y que los oscuros vayan a la cesta de la ropa oscura o de color. Una vez lavados se tienden. Se recogen y se emparejan ¡aquí está el problema! ¿Dónde está el compañero de éste? 
Deben haber animales carnívoros, herbívoros, omnívoros y «tejívoros», mi lavadora.