«La siniestra mujer blanca»

Todas las mañanas, ya avanzada la jornada, entra en el banco como
Extraída, sin permiso, de San Google.

una suave, misteriosa y silenciosa sombra. Su mirada esta perdida, pero eso no le impide dirigirse hasta mi puerta, plantarse bajo el quicio, hacer un extraño giro de su cuello e emitir un flojo y desvalido buenos días, seguido de una siniestra sonrisa.

Su rostro es pálido, blanco, como el de muerte. Sus ojos, abiertos sin parpadeos y grandes como platos, reflejan el brillo de las lámparas y la nada en sus pupilas.
Autómatamente, cuando recibe mi saludo como respuesta, hace un giro sobre sus tacones, casi militar, y se marcha decidida hacía la siguiente mesa. Allí repite la misma operación, sigue el mismo proceso, como una actuación bien ensayada.
Desde mi posición la observo, como lo haría un buen oteador. Sus primeros minutos de trabajo están dedicados a este ritual. El resto del día nadie lo sabe.

«Es hora de tomar decisiones»

Extraía, sin permiso, de San Google.
Y así, tontamente, acabe pegándome un tiro. Figurado, claro está. Soy un cobarde y no creo que valga la pena quitarse de en medio usando como excusa un par de imprevistos: mi mujer me abandonó, me despidieron del trabajo, se rompió la junta de la culata del coche, mi hijo abandona sus estudios, la niña se queda embarazada del gandul de su novio, la calefacción de casa se estropeó hace quince días…
Ahora, enroscado en el sofá y abrigado con la manta que me regalaron los de Cruz Roja, no me queda otra que tomar una decisión sobre qué hacer con mi puñetera vida. 
Tendré que luchar.

«La última carrera»

Hoy se ha levantado pletórico de energía, como lo hace una persona

(Imagen publicada por El Pais el 10/01/2014)

como él, un auténtico atleta que, además, presume de tener más de mil medallas en su haber.

Está entusiasmado, con el nerviosismo propio del joven que se enfrenta a su primer reto, pese a tener más de noventa años. Lo hace convencido de conseguir su nueva meta, su última carrera.
Sus familiares y amigos lo esperan para animarlo, para darle las agradecidas fuerzas que siempre vienen bien para superar el reto, su último escollo. Tras largos ratos de reflexión personal, de encontrarse consigo mismo, ha decidido que esta será la última competición a la que va a enfrentarse, pero, sin duda, la más importante.
Los asistentes lo saludan. Todos lo rodean. Saben que la decisión ha sido difícil, puede que alguno no la entienda, pero la respetan. Se saca fotos. Levanta la copa y brinda por su eutanasia.
PD: en honor a Emiel Pauwels, el atleta más longevo del mundo, que a sus noventa y cinco años, y con una enfermedad incurable, decidió aplicar su derecho y poner fin, dignamente, a su vida. 
Más info en: http://elpais.com/sociedad/2014/01/10/actualidad/1389379895_610557.html

«Guasap repetido»

(Imagen extraída, sin permiso, de San Google)
Uno
de esos mensajes repetidos y reenviados hasta la saciedad por
“guasap”
durante las pasadas fiestas, fue uno en el que se solicitaba a Sus
Majestades que nos dejaran una cuenta corriente gorda y un cuerpo
delgado, así como el ruego de no mezclar ambos conceptos, como el
año pasado.
En
principio intenté
poner de mi parte para que esa locución se cumpliera, pero claro:
entre la cena con los compañeros de entrenamiento, la cena con los
del trabajo, los rones, la estancia en el Parador, las ginebras, los
turrones, la celebración con los amigos, los güisquis, el almuerzo
con los de la Tuna, las cervezas, las copas varias, los turrones, la
cena de nochebuena, los polvorones (no leer separadamente que
confunde), el almuerzo de Navidad, las bandejas de truchas de cabello
(sí, en plural), los bombones, las idas y venidas a casa de Fulano y
a la de Mengano, más rones y gin-tonics, los vinos, los quesos
sabrosos de oveja, la cena de fin de año, los consiguientes
güisquis, la llegada de amistades a casa, más turrones, más rones,
tarta de cumpleaños, más gin-tonics, la cena de la noche de Reyes,
el almuerzo del día siguiente y muy probablemente algún que otro
evento que se me ha quedado atrás y que, de seguro, aportó su
granito de arena para que mis buenas intenciones iniciales, hayan
quedado en una más que diluida intención, la cosa se me ha puesto
difícil.
En
mi caso, un año más
y como podrás imaginar tras el mínimo detalle anterior, los Reyes
Magos han vuelto a mezclar los dos conceptos iniciales. Así que ya
he empezado a enfrentarme a la cuesta de enero, con un par de kilos
de más (en concreto cuatro o cinco), que ahora toca sudar, en el
gimnasio y en las compras. Ya veremos que «guasap»
te reenvío el año que viene.