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| Imagen extraída, sin permiso, de San Google. |
La cara de felicidad de mi hija, a la salida del colegio, me dio las claves para intuir que algo bueno había ocurrido. Estaba en lo cierto. Una de sus compañeras la había invitado a la celebración de un cumpleaños bastante especial.
Al leer la tarjeta, mi primera impresión fue de estupor. El título era: «Invitación al Spa de Juanita». El desarrollo de las actividades a realizar fueron igual de sorprendentes: Cóctel de bienvenida, manicura, pedicura, masaje, mascarilla facial, peluquería y sesión fotográfica.
Mi hija tuvo que haber notado mi cara de asombro, o a lo mejor escuchar mi grito interior, ya que seguidamente se abrazó a la pierna para pedir permiso para asistir. Lo hizo una y otra y otra vez.
Ya en casa, superado el shock inicial y mis consideraciones acerca de la transmisión de los roles de género y los ideales de belleza, claudiqué y acepté su asistencia a tan magno evento. Admito que la ilusión que la niña estaba demostrado, así como la originalidad de la femenina propuesta de celebración, fueron factores decisivos que influyeron en la decisión. Estoy seguro de que será una tarde muy divertida para ellas.
Por otro lado, me consta de que las madres están supermegahiperilusionadas con la idea, envidiosas y deseosas de hacer lo mismo. Pero esa será otra entrada a este chat, que estoy seguro de que alguna de ellas me lee asiduamente y no quiero que cargué contra mi sin previamente haberme armado y acorazado de manera conveniente.
Mis felicidades a la ideóloga de la actividad. Espero que las niñas se diviertan mucho, ya que estoy seguro de que me reportará material para este blog.
