«¿Dónde se compra?»

Extraída, sin permiso, de San Google
A la puerta del garaje de mi trabajo hay un conserje-vedel-subalterno, o lo que sea —en este post intenté definir las diferencias del rango, sin conclusión alguna—, que se encarga de contar la cantidad de vehículos que entra en el aparcamiento y que todos lleven su debida autorización, asegurándose de que está colocada en lugar visible.
Lo que a priori parece ser un trabajo menor tiene su importancia, teniendo en cuenta que las plazas son limitadas y que, con el fin de evitar atascos, peleas o aglomeraciones, hace falta llevar el control del acceso. 
Cuando él calcula que han entrado tantos vehículos como plazas libres, se cierra la puerta y santas pascuas. No siempre lo consigue. 
Para realizar tal cometido y como en todo trabajo, tiene  sus propias herramientas. Hasta hace muy poco llevaba una carpetilla que trababa unos folios, en donde iba tachando cuadraditos, que simbolizaban plazas libres, y cuando aquella inmensa cuadrícula se terminaba, él suponía que ya estaba lleno. La cuenta no siempre resultaba correcta.
Desde hace un tiempo para esta parte, la carpeta ha sido sustituida por un pequeño artilugio, que lleva escondido entre los dedos de su mano, con el que va clicando, apretando el dedo gordo, cada vez que un vehículo accede a las entrañas del recinto. Supongo que, de memoria conocé el número de plazas vacantes y cuando se alcanzan cierra la puerta. Parece ser que el tal aparato contador tampoco es exacto del todo. En muchas ocasiones siempre hay alguien que entra por una puerta y, tras dar una vuelta al ruedo, tiene que abandonar el edificio por la otra al no encontrar sitio libre.

Verlo ahí, todos las mañanas, con el contador de personas en la mano, de coches en este caso, me ha dado la idea de que cada uno de nosotros deberíamos tener uno de esos y así poder contar las veces que los políticos nos mienten, nos roban, nos ningunean, nos abandonan… pero  de política hablaremos otro día, que hoy no sé donde se compra el útil aparatito.

«Tipos de turismo»

Extraída, sin permiso, de San Google
¿Ya estamos todos incorporados al trabajo? Es es así ya estamos conectados a las redes. Hay un estudio —no recuerdo dónde lo leí— que en resumen viene a decir que es durante la jornada laboral cuando más se visitan y leen las redes sociales. Ahora que hemos vuelto de vacaciones esto se nota. 
Los compañeros del curro cuentan sus vacaciones, cuelgan fotos, comentan… Las hay de todo tipo y con mucho tipo de finalidades:
1.- Turismo para relajarse: Hotel todo incluido, spa, piscina infinita… Lo que significa  ganar un par de kilos —mínimo— y salir con dolores de espalda por culpa de la hamaca o el colchón de la habitación.
2.- Turismo de montaña: Caminar y caminar viendo cataratas, hasta reventarse los dedos de los pies, otra catarata, por esos mundos perdidos, otra catarata, haciendo o deshaciendo el Camino, tragando polvo, sufriendo… Al final terminas hasta los mismísimos de tanta catarata.
3.- Turismo por capitales europeas: siete días a tope visitando museos, pinacotecas, como en España no se como en ningún lado, fíjate que raro conducen… y terminando más cansado que un mes en el trabajo, con lo cual a la vuelta pretendes no dar ni golpe.
4.- Turismo sexual: Fiestas exóticas, con chicos o chicas o ambos, exóticamente vestidos, de otras nacionalidades, de otras razas, de otros gustos… Hay para todo.
5.- Turismo médico: Ir a ponerte unas tetas, quitarte unos kilos, un marcapasos, una prótesis…
Pero la bomba, el no va más, es lo que nos acabamos de estrenar:
6.- TURISMO ACADÉMICO: como en mi Comunidad de origen, que por cierto habla otra lengua co-oficial del estado, la cual he suspendido, y por lo tanto no puedo conseguir el título de Bachiller, me piro pá Canarias unos días —debe ser porque nos ven con cara de gilipollas— e intento matricularme en segundo de Bachillerato. Como esa lengua materna no se imparte, en teoría, debería poder solicitar mi título —«¡mandagüebosquelistoelpollo!»—, pagar las tasas y esperar. «Pos no bonito. Gilipollas sí, pero `tontosdelculo´ no».
¿Qué te parece? ¿Qué turismo extraño has visto, te has enterado, o has hecho?
Gracias por leerme.

PD: Al «¡mandagüebosquelistoelpollo!» se le denegó el título al no cursar sus estudios de segundo de Bachillerato en Canarias.

«¿En qué piensas cuando ves golondrinas pasar?»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google
Si había algo que le gustaba era quedarse quieto y mirar al cielo. Esperaba. No le importaba de que fueran días con tal de ver pasar las golondrinas. Era su mayor afición.
El verano había concluido, o al menos estaba a punto de hacerlo, y sabía, por esa experiencia que se aprende con los años, que solo tenía que sentarse y esperar. Ya faltaba poco para ver su vuelo. 
Mirando a lo azul vio pasar pasar las aves, con su señorial vuelo y su forma característica,  mezcladas entre nubes con forma de letras, o que parecían textos completos, algunas con tendencia a convertirse en sueños alcanzables y unas pocas, más altas, intocables…, pero todas con el mismo carácter de nuevos proyectos por realizar.

Tras su letargo estival había llegado el momento de retomar el camino, pretendía cumplir con todos esos nuevos retos avistados. Inequívocamente cada uno tiene sus propias golondrinas.