«Cerrado por vacaciones»

Extraída, sin permiso, de San Google

Calculo que estaremos a unos 30.º centígrados. La falta de aire, la escasez de nubes en el cielo y el asfixiante calor hace que muchas personas, y otros seres humanos y/o de compañía, los que no se han ido de viaje, estén en la playa, en la sombra, en el sofá, en la piscina…, relajando sus sudorosos y cansados cuerpos. 
Por mi parte, aunque ya me he enfundado las bermudas y las chanclas, por aquí ando, a medio gas. Lo cierto es que llevo tiempo en «modo semi-vacaciones» lo que me hace ir aflojando, poco a poco, el ritmo en muchas de mis actividades. Así que, como estoy parado y acodado en esta esquina, viendo pasar a muy poca gente, o eso al menos me dice el chivato de las estadísticas de visitas de este blog, he decidido tomarme, y darte, un respiro. 
¡ME PIRO, VAMPIRO! 
Saco el cartel y lo cuelgo en la farola, por aquello de avisar a los y las despistadas.
Pasa unas felices vacaciones y espero que nos veamos a tu vuelta. 
¡¡¡FELIZ VERANO!!!

«Y se hizo una luz»

Foto de mi móvil
Aprovecho que veo luz para levantarme. Aunque lo hago extrañado, algo asustado y a regañadientes. ¿Qué hace esa lámpara ahí? ¿Quién la ha puesto? ¿Quién la ha encendido? Yo no.
Desde la distancia la observo con detenimiento. Es la primera vez que la veo. 
Es una lámpara sencilla, de esas de pie. Seguro que tienes una en tu casa, aunque es posible que no parecida, ni igual. Eso no importa. No sé porqué está encendida. No se oye nada. No hay nadie. Esto es muy extraño.
Nos separan diez metros y te aseguro que hace un rato ahí no había nada. Un frío perturbador recorre mis venas, lo que hace que se erice el vello de mis brazos. Por curiosidad me acerco, aunque vigilante.

A tan solo un metro de distancia no puedo descubrir nada, pero cuando estiro mi mano para tocar la tulipa, lo entiendo todo. No debo asustarme, ya sé lo que ocurre. No recordaba de que a veces, en mi cerebro se enciende una bombilla, una idea. ¡Caray!, ¡he tenido una idea! Pero perdóname por estas letras. Tener una buena idea es poco habitual y me apetecía contarlo. 

«¿Tomamos un café?»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google
Un grupo numeroso de
personas se sienta en un bar y empiezan a pedir, entre otras cosas,
cafés. La camarera, armada con una preciosa sonrisa, comienza a
atenderlos:
‬—Cortado.
—Solo.
—Solo
largo.
Su mirada va pasando, de manera relajada, pero atenta, de
uno en uno de los presentes.
—Solo
con hielo.
—Cortado
con leche desnatada.
—El
mío con leche de soja.
—Cortado
tibio.
La sonrisa empieza a cambiar de ángulo a la vez que la de
los clientes aumenta escuchando tanta variedad. Ellos siguen
pidiendo
—Café largo
con hielo.
—Cortado
con leche condensada. 
—Cortado
con leche fría.
—Cortado
con sacarina.
—Café
con leche.
Una vez terminada la ronda, la ahora circunspecta
camarera, pregunta:
—¿Falta
alguién? —Al estar
segura de que no, se marcha, sin esperar la respuesta.
Todos ríen
y comentan lo que acaba de ocurrir. Una de las presentes hace caer en
cuanta al grupo de que la chica no había tomado ni una sola nota.
Todos vuelven a reir. Como conclusión estiman de que es imposible de
que se acuerde de todo.
La camarera regresa con una bandeja.
—Les
dejo la cafetera en el centro, las tazas, los vasos, los distintos
tipos de leche y azúcares. ¡Ánimo! no es tan difícil!
¿Te
identificas con este grupo? ¿qué te parece la reacción de la
camarera? ¿Cómo hubieras actuado tú?

«En un tiempo muerto»

Clase de natación
Una vez mas escribo mientras espero a que las actividades extraescolares de mis hijos terminan. Sin duda es una buena manera de pasar el tiempo y aprovechar para que las ideas que, a veces, se agolpan en mi mente cojan forma y dejen de castañearme en la cabeza.
En esta ocasión la inspiración viene en forma de monitor de natación de niños pequeños. Me río al oír los gritos que les da a esos pequeños afortunados, con el agua hasta el cuello, para que le hagan caso y muevan los brazos, o pataleen fuerte sus pequeñas piernas, o para que estiren sus delicados cuellos y así poder sacar sus bocas abiertas fuera del agua, alejando el peligro de ahogamiento. 
Mas gracia me hacen las madres y padres que, sentados en las gradas, ansiosos, se comen las uñas al sentir como propio el sufrimiento de sus pequeños solicitándoles ayuda y salvación ante el imponente ser acuático que les ordena, recrimina y premia con voz tan potente. Algún osado progenitor, se atreve a emitir algún grito, con consejos protectores para sus descendientes. El monitor, ahora trasformado en ogro, les atraviesa los ojos y les manda a callar convidándolos a que le dejen hacer su trabajo o a que abandonen el espectáculo si no pueden soportar unos pocos llantos.
No me extraña que estos niños aprendan a nadar. Yo también lo haría ante tremendo Poseidón reinando estas aguas, entre gritos y alaridos, obligando a realizar todos esos movimientos, a la vez que limpia mocos, seca lágrimas, ahuyenta a familiares e intenta, no solo que no se le ahogue ninguno de sus pupilos, sino que además, aprendan a nadar y así disminuir las posibilidades de que jamás se ahoguen por no saber hacerlo. 
Si el nadar fuera letra y el agua sangre, se haría realidad el famoso dicho educativo»con sangra la letra entra». Animo chicos, ya queda menos para que esta clase de sufrimiento termine.
Como decía, mientras miro, yo aprovecho el tiempo escribiendo, no vaya a ser que ante tanto ruido me de por meterme en el agua, que por falta de ganas no será. 
Y tu, ¿cómo aprendiste a nadar? ¿Que haces en tus tiempos muertos?  ¿Has sido uno de esos padres/madres que soporta estoicamente los llantos de tus pequeños sentados en el borde de la piscina, o con el agua hasta el cuello? ¿Alguna anécdota que contar de las clases de natación?