«Un buen desayuno»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google

Salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos. A veces lo hacen como haces de luz, otras con forma de pequeñas mariposas multicolares y en algunas ocasiones como pequeños suspiros. Se escabullen por la pequeña rendija que queda entre la puerta y el cálido rebestimiento de paquet que protege el suelo.

Del otro lado, papá y mamá, cazamariposas en manos, los atrapan para que no se escape ninguno de ellos. Saben que aquella es una de las noches del año en la que deben montar guardia.

Amanece. Tras una larga noche en vela creen haberlos cogidos casi todos. Siempre hay alguno que logra escabullirse y jamás será encontrado. 

Los desayunos de los niños están servidos. Ellos se relamen. Mamá y papá se miran satisfechos. Una vez capturados los sueños que intentaban fugarse, se los han mezclado en la leche. Ahora volverán a su sitio y sus hijos continuarán siendo niños.

«Le pica el chocho»

Foto de mi móvil

Pues sí, para qué voy a engañarles ni andarme por las ramas. Le pica el chocho, y mucho. Lo llevo notando desde hace un rato. Pero claro, dicho así, a lo bestia, parece un poco exagerado. Será mejor que me explique un poco.
Como todos los jueves a media tarde, me siento en la terraza de mi bar favorito. Con toda la tranquilidad del mundo me pido y disfruto de un cortado. A la vez ataco un par de capítulos de la  lectura que tengo entre manos.
Enfrente una rubia imponente y lo que parece ser su pareja, se sientan y piden un par de cervezas a Manolo, el camarero, que mirándome de soslayo me hace unas señas. Interpreto que son para recalcar lo buena que está la guiri.
Pasado un rato, me llama la atención los aspamientos y los movimientos inquietos de la rubia en su asiento. Constantemente  se toca la boca, dice algo a su acompañante y baja la mano por debajo de mi campo de visión, y de su mesa, para luego volverla a subir y nerviosamente darle un buche a la cerveza. Ya no puedo seguir leyendo, así que me dedico a observarla.
En una de esas llama a Manolo, el camarero, que al pasar por mi lado me habla por lo bajini: «Parece que le pica el chocho», dice el tío mientras acude raudo a la llamada de la susodicha, entre risitas y vacilones con el otro camarero.
No oigo la conversación, pero entiendo el calentón de la rubia. Manolo, el muy cabroncete, le ha vuelto a poner picante a los altramuces con los que acompaña las cervezas.

«Alpha, Bravo, Charli, Delta. O de cómo deletrear sin confusión»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google
A veces en el trabajo tengo que deletrear direcciones de correos electrónicos, códigos alfanuméricos, palabras… Para que la persona que está al otro lado del teléfono me entienda y no haya confusión utilizo la técnica de reemplazar la letra por una palabra frecuente. En mi caso, normalmente utilizo lugares: A de Asturias, B de Barcelona, C de Canarias…,T de Tenerife… Lo cierto es que me sale de manera tan espontánea que, en ocasiones, la persona que está al otro lado no se da cuenta de que le estoy deletreando hasta bien avanzado el acto.
¿Porqué elijo esas palabras? Imagino que lo hago por algún tipo de aprendizaje que no logro entender. En otros casos, por ejemplo en las películas de guerra, se usa el que he mencionado en el título de esta entrada. 
        Por lo que he indagado en «San Google» los topónimos son los más usados en España para esta tarea. También se puede usar nombres de personas, apellidos…
Y aquí está la propuesta de hoy: ¿Me ayudas a componer un nuevo código para deletrear? 
Para poder organizar un poco debemos cumplir los siguientes requisitos:
  1. Puedes aportar tantas palabras como quieras.
  2. Deberán cumplir el esquema: L de Libertad.
  3. Han de ser fáciles de asociar a la letra que pretende definir. 
  4. Preferiblemente que empiece por ella, aunque hay algunas que, como resulta más que evidente, podrá contenerla. 
  5. Tendrán que estar relacionadas con la FELICIDAD.
  6. Puedes explicar porqué la eliges. Por ejemplo: Y de Yo. Porque yo tengo que ser feliz.
  7. No vale repetir letra.
  8. Puedes dejar tus palabras aquí o en el Facebook.
¿Te apetece jugar a deletrear conmigo?
Empiezo:

A de Alegría, B de Baile, C de Contento-a, D de Dicha…

«El paso a paso de una transformación»

Foto de mi móvil.

Es una pasada como, con un brochazo acá, un retoque allá, un cosidito por allí y algún que otro detalle, es posible cambiar la cara de una persona, algunas para mejorar, según se mire. Eso hacen los transformer, los travestis, los trans…
Eso es lo que ha ocurrido hace unos días. Nuestra sociedad ha ido cambiando la cara y, aunque parece mentira y algunos/as/es/… les pese, el Halloween, esa fiesta pagana y de yankis, está aquí y además, vino para quedarse.
Es increíble como por todos lados proliferan las fiestas de adultos y las pandillas de niñas y niños, todos ellos terroríficamente disfrazados, van tocando los timbres de las casas solicitando el ya consabido «truco o trato».
También sé que muchos de ustedes les da grima toda esta moda, y que están en contra de estas nuevas fiestas o «tradiciones» anglosajonas que nos invaden. Pero lo siento, sabes lo novelero que soy y que intento no perderme una. Así que ya te imaginarás que esta fiesta no me la perdí.
Y como uno es medio «trans» aquí les dejo el paso a paso de la transformación a la que fui sometido el pasado sábado, para poder acudir adecuadamente engalanado a la fiesta organizada en casa de unos amigos.
Foto de mi móvil

¿Qué te parece? ¿Tú te disfrazaste? ¿Hiciste «truco o trato»? Ya me contarás.