«A cuenta de una pancarta y una noticia en la prensa»

Extraída, sin permiso, de San Google
Como ya sabes, hace unas semanas estuve en Madrid. A parte de lo fenomenal que es visitar una gran ciudad y dejarse engatusar por la gran oferta gastronómica, cultural, social… que tiene, me llamo la atención la pancarta que lucia el nuevo ayuntamiento, por la cual se daba la bienvenida a los refugiados. 
Desde que ha empezado ese trágico exilio, mucho se ha dicho de ellos, pero lo cierto es que esas personas siguen sufriendo la barbarie de la guerra, de la emigración forzosa, del hambre y del abandono. Aún no han llegado a España —o lo han hecho apenas un puñado de ellos— y las voces de Europa ya los repudia. Se habla de cuotas por Comunidades, de planes de asistencia sanitaria, social y educacional, pero lo único que se puede ver es esa pancarta.
Hace un par de domingos, leyendo el periódico mientras desayunaba, me llamó la atención una pequeña noticia, situada como escondida en una esquina inferior de las páginas interiores, ilustrada con una foto. 
Aquella crónica, hablaba de un gran campamento, con jaimas de lona reforzada para impedir el embate del viento, dotadas de mobiliario, aseo, cocina…, ¡hasta aire acondicionado tienen! Lo más increíble de todo es que tremenda instalación, con capacidad para acoger a cuatro millones de almas, no se está usando ya que, mientras esos seres naufragan por las aguas del Mediterráneo, en busca de asilo, esa propiedad, de la cual es dueña Jordania, se encuentra diseñada y destinada para acoger a los millones de peregrinos que van a la Meca y no a miles de «muertos de hambre» sirios que quieren salvar sus vidas y la de sus hijos e hijas.

Y es que nuestro mundo es así, unos exhibimos una pancarta mientras otros exhiben la solución. Ni siquiera en esto somos capaces de sentarnos a negociar.

«Se nos pusieron del revés»

IMAGEN HECHA DESDE MI MÓVIL
Levanté la
vista. Él ruido llamó mi atención.
Justo en el momento en el que por la cinta estaban saliendo mis maletas,
la terminal del aeropuerto estalló en aplausos.
En la sala de espera todos los presentes comentaban lo ocurrido.
El pasillo estaba ocupado por los que apuradamente queríamos abandonar el
lugar. Unos íbamos hablando con nuestros acompañantes, otros lo hacían por el
móvil, algunos estaban chateando, sin apenas levantar la vista de su teclado, y
sólo unos pocos iban acompañados de su asustada sombra.
Los aplausos rompieron la tensión existente en el ambiente. La chica de
detrás, que hacía rato no paraba de llorar y gemir, rompió su rabia con una
ávida y oportuna palabrota que se vio apoyada por la reacción del resto de
presentes.
El avión tomó tierra tras bambolearse de un lado a otro durante rato.
¡Por fin estábamos a salvo!, toda vez que fuertes golpes de lluvia y viento,
acompañados de una más que negada visibilidad, hicieron que los anteriores
intentos de aterrizaje fueran abortados, metiéndonos el susto en el cuerpo.

           Por eso aplaudimos a la tripulación de nuestro vuelo IB3938, al verlos aparecer en la sala del aeropuerto.

«Mil disculpas»

Me consta que muchas de las personas que se pasean por esta esquina habitualmente separando encontrarse conmigo, lo hacen durante la noche del jueves (por saber que es el momento en el que publico, ¡y lo sabes!) o en la mañana del viernes (mientras trabajan). 
Hoy tengo que pedirles disculpas. No estoy. Además, por falta de tiempo, no he podido escribir nada para dejarlo programado, y la wifi que me da soporte es realmente mala.
Estoy fuera, en mi escapada anual. En mi deseada y más preciada escapada anual. Así que, si me disculpas… Sigo descendiendo. NOS VEMOS A LA VUELTA.

«Lavada de cara»

Imagen extraída, sin permiso, de San Google
Cada
mañana me levanto y, tras encender el fuego de la cafetera, me lavo
la cara. Seguro que tu rutina se parece. 

Como verás he decidido que los esfuerzos que invierto semanalmente en este
blog, en esta ocasión, se vayan en cumplir con una de las tareas que me había
marcado, y que tenía pendiente, al empezar el año. Ha tocado
lavarle la cara a esta esquina y colocar no solo un nuevo diseño,
sino también separar y organizar, de manera distinta, la información
aquí alojada.

Espero que te hayas fijado en que he puesto una serie de pestañas en la parte superior, así
como una barra lateral, con la intención de que ambas herramientas agilicen el acceso a la
información.

Por
mi parte, al parecer ya lo tengo todo preparado para recibir mi nueva
novela. Así que venga, ¡prepárate!, lávate la cara que en menos
de un periquete te presentaré: 

«LA
LEGIÓN DE LOS BOSQUES»