«Los saludos de Guayota»

La tierra tiembla bajo los pies de los Bimbaches. Según cuentan las viejas historias el demonio llamado Guayota vive en el interior del Teide ya que Achaman le taponó la salida como castigo tras secuestrar a Magec.

            Esas leyendas dicen que a Guayota le gusta cambiar cada cierto tiempo de vivienda o, al menos, remodelarla por lo que, cuando anda en esos menesteres, se producen ciertos movimientos sísmicos que nos hablan de esas intenciones.
            Los científicos calculan que hay un quince por ciento de probabilidades de erupción volcánica y que esta no produciría ningún mal, más bien lo contrario: atraería turismo ─ya sabemos que hay gente para todo─, enriquecería los suelos, que la superficie se amplíe e incluso existe la posibilidad de que surja una nueva isla. ¡Te lo imaginas! Espero que nuestros inteligentes políticos no la llamen San Borondon ya que acabarían con otra gran leyenda o mágica realidad.

«Venturas y desventuras de un maestro metido a agente de viajes y otras ocupaciones»

Como tú, son muchos los amigos y amigas que se han preocupado del resultado de la pequeña aventura vivida por tierras salmantinas. A modo de resumen enumeraré una serie de tareas, por las distintas profesiones, que un maestro realiza cuando trabaja y que te dejarán una breve pincelada de lo vivido.

Agente de viajes: Organiza a los niños/as, y sobre todo a sus familiares, en el aeropuerto para que todo el mundo esté listo.

Guardia Civil: Solicitar los DNIs, para que no se extravíe ninguno.
Revisor: Son las 6:30 a.m. y ¡nos falta uno! ¡Papa llama!
Agente de seguridad: Nos quitamos los cintos, revisamos los bolsillos, ¡dije que no podíamos traer líquidos!
Azafato: Todos sentamos y nos abrochamos el cinturón. ¡No, durante el aterrizaje no puedes ir al baño!, ¡siéntate!
Porteador: Profe, mi maleta no tiene asas y no puedo con ella.
Jefe de recepción: Fulanito y Menganito a la número tres…
Sargento de caballería: ¡Como oiga una risita más salen al pasillo y duermen de pie, que son las doce de la noche!
Jefe de servicio: Las camas hechas, las mesas recogidas… ¡Por favor abran esa ventana que la peste llega al piso de abajo!
Telefonista: Ciclanita, tu madre al teléfono. Nosequiencito, hazle una perdida para que te llame.
Animador: La musiquilla de la cancioncita dichosa una y otra vez metida en el cerebro… Tengo los sesos machacados.
Enfermero: ¿Te tomaste el azúcar? Nos vamos al Centro de Salud para que te cojan unos puntos. Me lo llevo al hospital para que lo miren.
Guía turístico: A la derecha podemos ver…
Guía espiritual: No te preocupes, por el Messenger volverás a hablar con ella.
Padre: Tranquilo, cariño, eso no es nada.
…
Como ves, lo hemos pasamos GENIAL. Sin pensarlo puedo decirte que en cuanto tenga la oportunidad lo vuelvo a repetir, eso sí, sin niños (jajaja).

«Fútbol, otra vez»

No importa que hayan asesinado a Bin Laden; o que Guantánamo siga burlándose de los Derechos Humanos; o que los gobernantes de Siria maltraten y asesinen a su pueblo, mientras Libia mantiene una lucha sin tregua; o que los EEUU, y sus cómplices, afirmen que intervienen por razones humanitarias; o que Sortu o Bildu se quiera presentar a las elecciones; o que hayan beatificado al difunto Juan Pablo II; o que sigamos en crisis…
          Hoy no importa nada de lo que pase en el mundo. El mundo de hoy es pro, por y para el fútbol, otra vez, así que me dispongo a partir unos quesitos, un poco de fuet, unos pistachos, unas cervecitas… y ver una peli.

«¿Somos inteligentes?»

Si fuéramos inteligentes, si de verdad fuéramos Homus Sapiens Sapiens u Homus Tecnologicus ─o lo que quiera que seamos ahora─, haríamos algo para remediar y poner fin a este desastre. Se nos inunda la tierra y al día siguiente, o unos kilómetros más allá, hay quién se muere de sed; revienta un pozo petrolífero en el Golfo de México; se prenden fuego nuestros bosques; nieva, como no lo hacía hace años, en las islas; el pueblo árabe se subleva y pide democracia; Japón se destruye con un terremoto y lo remata un tsunami; la radioactividad lo invade todo y abarata el precio de las espinacas; entramos en una guerra que nadie se atreve a dirigir ni a pronosticar; España se hace cargo del once coma «nosécuantos» por ciento para asegurar la economía europea… suma y sigue, solo falta que me digas que el Pepé ganará las elecciones. ¡Ups!, si de verdad fuéramos inteligentes, venderíamos este planeta y nos iríamos, a contaminar y destruir otro astro.

«Instrucciones para beber a morro»

Hay quien afirma que es de mala educación, pero, ¡que sabroso resulta!
Una vez abierta la botella ─quizás en otra ocasión desmenuzaré esta acción─ observamos el primer gesto de salivación que hace nuestro cuerpo. Una fina capa de saliva se desprende de las glándulas para invadir el cielo de nuestra boca y los confines de nuestros deseos. Con la delicada punta de nuestra lengua, recorremos la comisura de los labios, con el único fin de humedecerlos y prepararlos para la acción.
La operación, de coordinación óculo-manual, para acercar el morro de la botella a los morros de nuestra cara, se ve facilitada si lo hacemos con tranquilidad y con la certeza de conseguir el objetivo propuesto.
Los labios abrazarán la cavidad de salida del líquido elemento. Con un suave impulso del codo elevamos el brazo hasta conseguir que el grado de inclinación de la botella sea el adecuado para verter su contenido en nuestra boca, pero ¡cuidado!, existe una alta probabilidad de que el ímpetu y la sed la eleven más de lo deseado y, por lo tanto, que el brebaje se nos vaya por “el camino viejo” o se nos salga y chorree la cara y la ropa.
Para terminar, y tras separar el recipiente, nada mejor que un apretón de labios antes de emitir un sonoro suspiro de alivio y placer por haber cumplido nuestro objetivo.
¡Que te aproveche! 

«Salvar Tindaya»

La también conocida como «Montaña de las brujas» es una de las bellas esculturas naturales que nos brinda nuestra tierra.
      Visible desde casi toda la isla de Fuerteventura, cuando llegas a su falda quedas atrapado por su imponente cuerpo, que se alza sobre las llanuras que la rodean.
Los majos la consideraban un lugar mágico, no en vano, dejaron más de trescientos grabados ─llamados podomorfos, por representar pies descalzos─ en sus piedras. Además, hay secuelas de varios asentamientos prehispánicos en su falda, pendientes de excavación.
En cuanto a flora, es el hábitat de la Cuernúa, pequeña planta incluida en el Catálogo de Especies Amenazadas de Canarias.
Una ocasión tuve la oportunidad de ver, de lejos, una pareja de Hubaras, especie que también está protegida y que anida en la zona, entre otras aves.
Entonces ¿Porqué hacerle un agujero a la montaña destruyendo todo su entorno en vez de investigar, cuidar, potenciar y ensalzar los valores que por sí sola ya tiene? ¿Qué utilidad tiene esa cámara de 50x50x50m, que quedará vacía, con dos tragaluces y un túnel de entrada de doscientos metros?
Si alguien es capaz de explicármelo… lo agracederé.

«Deseos para un nuevo año»

Muchas personas, llegados este momento, hacemos una lista de buenas intenciones para realizar a lo largo, y ancho, del año que en unas horas dará comienzo. Hoy he decidido compartir aquellos deseos en los que me gustaría que meditaras:
            1.- Deseo que reactives esa vieja amistad. No es muy difícil, pero tienes que poner algo de tu parte, por ejemplo llamarla, al menos, una vez al mes. Yo llevo tiempo haciéndolo y te aseguro que funciona.
            2.- Deseo que hagas cosas divertidas, extrañas, apasionantes. Todos las semanas, hay algo nuevo que hacer, solo tienes que buscar en el periódico, apuntarte en algún club de algo, preguntar a los vecinos, compañeros de trabajo…
3.- Deseo que conozcas nuestros montes. Hay senderos preciosos en los que encontrarás paisajes insospechados, colores increíbles y aromas distintos. Si no sabes dónde ir, hay empresas que te llevan.
4.- Deseo que leas la prensa a diario. Parece mentira, pero un gesto tan simple como leer todos los días el periódico te ayudara a mantenerte en forma mentalmente, a crecer, a conocer dónde vives, los problemas, las soluciones…
5.- Deseo que seas feliz, o al menos que lo intentes. Ayuda a los demás, comparte momentos divertidos y tristes. Organiza comidas, meriendas o paseos. Rodéate de los tuyos, abraza a tu pareja, a tus hijos, a tus hermanos y hermanas… empápate de su aroma y su tacto, ámalos.
6.- Deseo que tengas un momento para ti. Estar un rato solo, con tus pensamientos, tus ideas, tu lectura, tu música o tu ordenador, es sano y llenará el vaso con el que darás a beber de ti a los tuyos.
Te deseo muchas más cosas, que ya te comentaré, pero sobre todo…
FELIZ AÑO NUEVO. Un abrazo.

«Para preparar la Navidad»

Pues sí, ya tenemos la Navidad encima. Lo podemos notar en el aire, en el bullicio, en las compras, en los almacenes…, en los buenos deseos de la gente.
            Para prepararlas he decidido enumerar la lista de cosas que tengo que hacer o comprar: Polvorones (tengo una amiga que dice que ella los prefiere por separado, es decir, polvos y rones. Umm, si lo pensamos bien, yo también), peladillas, turrones, Omeprazol (ya tengo una edad y el estómago empieza a hacer de las suyas, pasando factura por los excesos de la primera juventud), los gorritos de Papá Noel (me parece ridículo los que los ponen en los respaldos de los coches, pero no cuando nos reunimos un grupo para comer y beber hasta hartarnos de… ¿omeprazol?), las bolas del árbol (por suerte tengo un vale regalo de una tienda), hacer el árbol (curiosa costumbre, pero es cierto que da un «toquillo» alegre a la casa), las luces (creo que se cuelgan en las ventanas y balcones para ayudar en el retorno a casa, sobre todo después de esos opíparos almuerzos y cenas llenos de cañitas, vinos, licores y, como no, después omeprazol).
            No se me olvidan la ilusión, la alegría, la cara de los niños y niñas, de todas las edades…, pero no puedo seguir, tengo que tomar mi dosis de omeprazol (bendito tu eres entre todas las medicinas, porque me permites continuar. ¡Hasta que reviente!, claro).

«Un ser llamado virus»

Vale, lo entiendo. Lo que tenemos en casa es un virus pero:
1. ¿Quién lo dejó pasar? (No espero que llame a la puerta pero ¡caray!, ¿dónde está la educación?).
2. ¿Cómo es posible que todo el mundo lo conozca? (En la calle, la vecina, mi familia, en el colegio, las amigas médicas… ¡ah! Eso es un virus).
3. ¿Es uno, el mismo, o hay varios? (Todos lo llaman en singular y hasta lo reconocen, solo falta señalarlo por la acera: ¡eh mira!, ¡el virus!).
4. ¿Está documentado? (o es que como no saben lo que ocurre todo se le achaca a este pobre).
5. ¿Cómo se transmite? (Palabras textuales de varias fuentes: Sí seguro, es un virus que anda por ahí). ¿De verdad camina o salta de casa en casa, de boca en boca, de cama en cama? ¿Está asegurado?, ¿Está sindicado?, ¿votará en las elecciones catalanas? ¿Si llega a Marruecos, lo expulsaran por debilitar la seguridad nacional? ¿…?

        Vale, lo entiendo. Lo que tenemos en casa es un virus, o sea, no tienen ni puñetera idea de dónde vienen los vómitos y las diarreas. Por suerte parece que ya se quiere ir. Permíteme un consejo: ¡cierra tus puertas y ventanas!, por si acaso.

«Dormida en el sofá»

Hay noches oscuras. No por su propia condición y aspecto, sino por las cosas que nos  ocurren. Anoche fue una de ellas. Despertar de manera brusca y con la certeza de que algo malo ocurre, se hace duro. Despertar con los llantos y los gritos de tu hija, es más duro y oscuro.
Por suerte, tenemos niños sanos, alegres y fuertes ─toquemos madera─ por lo que estas noches no son muchas, pero algún día también toca, es parte de nuestra existencia.
Ahora, la tengo justo enfrente, dormida en el sofá. Acurrucada en su manta. Con la cara de no haber roto un plato en su vida. Parece que no mejora, pero al menos descansa. Mi interior se revuelve; ¿hay algo más duro que ver a la carne de tu carne enferma?