«Guasapeando»

Esto de las nuevas tecnologías
de la comunicación es una verdadera maravilla. Esta tarde, sin ir
más lejos, he pasado un buen rato con el “Guasap” ―que
es como últimamente parece que se conoce la aplicación para
smartphone
llamada Whatsapp.

     La
idea era bastante sencilla. Quería comunicar mi asistencia a la XXIV
Feria del libro de Santa Cruz de Tenerife ―jajaja, acabo de meter
la cuña publicitaria―, para firmar ejemplares de mis libros.

    El
funcionamiento de esta aplicación es facilísimo y formidable. En su
momento, la compré por 0,79 céntimos y desde ese momento no envío
ningún sms ―que en
inglés es acrónimo de Servicio de mensajes cortos («Short
Message Service»), o lo que es lo mismo, y así nos entendemos,
sistema de mensajes de texto para teléfonos móviles―
a veces tampoco llamo, solo guasapeo.
Lo he notado en mi cuenta de teléfono.
   Una
vez iniciado, basta elegir la pestaña “Difundir mensaje”,
seleccionar veinticinco contactos, escribir el texto y enviar. Las
personas reciben gratuitamente el texto: «Estimados
compañeros:
El
próximo sábado 26, de 11:00 a 14:00, estaré firmando ejemplares de
dos de mis libros en el stand que Ediciones Idea tendrá instalado en
la Feria del Libro de S/C (Parque García Sanabria). Para mi sería
un verdadero placer verlos por allí y así conversar un rato. Si no
tienes los libros, no te preocupes, que allí podrás adquirirlos. Un
abrazo. Guille Cabrera
»
―Jajaja,
lo siento, acaba de meterte otra cuña―. El siguiente paso es
seleccionar a otras veinticinco “víctimas” y repetir todo el
proceso las veces que sea necesario.
     Después
toca leer las respuestas de: los que se excusan, los que te animan,
los que afirman que asistirán… A todos contesté. Gracias por
estar ahí, por el apoyo y por aguantarme, aunque sea tan pesado.
     Espero
verles por allí. 

«El puente de mayo»

Ya
pasó la extraña semana del puente de mayo. Son siete días cargados
de distintas celebraciones y festividades.
     Para
unos es importante porque el día primero, se celebra el Día
Internacional de los Trabajadores (Tal y como va la cosa, al igual el
próximo año lo celebramos trabajando. Pensándolo bien podría
tener más sentido, por aquello de celebrar que tenemos trabajo).
     Otros,
en muchos casos los mismos que los del día uno, celebran durante la
jornada del dos de mayo, la fundación, aunque clandestina, del
Partido Socialista Obrero Español (Este año, por aquello de la que
les está cayendo han ahorrado hasta en confeti. Llevan la friolera
de ciento treinta y tres años en la brecha, todo si las cuentas me
salieron bien, que también estoy ahorrando en pilas para la
calculadora). También es de recordar el alzamiento de los ciudadanos
de Madrid, allá por el año 1808, contra las tropas francesas y, por
lo tanto, el comienzo de la Guerra de Independencia.
     El
tres de mayo se celebra el día de la Cruz (dice la historia que
Constantino, el Grande, soñó que para vencer a las tropas enemigas,
debía llevarla como emblema en la cabecera de sus tropas. Esto le
dio la victoria y se convirtió al cristianismo).
     El
cuatro de mayo, no se celebra nada en particular pero, como
necesitaba una entradilla, San Google me dice que en el año 2000
el virus informático ILoveYou
paralizó a millones de ordenadores en todo el mundo.
     Yo,
en cambio, cansado de tanta celebración decidí, un año más,
revivir mi infancia y llevar a mis hijos al Parque García Sanabria y
a “Los Gorgoritos”, cumpliendo con la pseudo tradición anual.
Es
increíble, tras cuarenta años: las mismas marionetas, las mismas
voces, las mismas caras expectantes, las mismas ilusiones, la misma
canción, la misma estaca… Un verdadero placer, pese a pasar dos
horas sentado, en la escalera del Reloj de Flores, sin poder moverme
para no perder el sitio y/o pisar al crío de delante.
     Por
último, la comilona del Día de la Madre (y de la suegra), que sí
se merece(n) recordarla(s).

«Acordándome de la inteligencia o de la falta de ella»

Gadner es un famoso psicólogo e investigador de la la Universidad de Haward. Desde hace tiempo ha centrado sus conocimientos en la definición y desarrollo de la teoría de las inteligencias múltiples. Según esto, la inteligencia de las personas no es una. Cada uno de nosotros desarrolla, en distinto grado, eso sí, siete inteligencias, que unidas y entrenadas, nos dotan de conocimiento, posibilitan la relación con los demás… Por lo tanto, las inteligencias de las personas son: La lingüística, la lógica-matemática, la corporal y cinética, la visual y espacial, la musical, la interpersonal o social y la intrapersonal.
     Desde mi corto punto de vista ―aún tengo que desarrollar mucho las anteriores― creo que podríamos usar tanta inteligencia para pensar otras soluciones a las problemáticas surgidas.
     En lugar de que los enfermos paguen más por sus medicamentos, ¿porqué no le planteamos a la industria farmacéutica que en vez de ganar un millón ―¡iluso!― ganen medio ―¡ja!, qué idiota soy―? ¿Se les podría establecer a ellas el copago y obligarles a bajar el precio de todos sus productos, un euro?
     ¿Quién aporta más el senado o los investigadores? ¿Podría el congreso de los diputados asumir las funciones de los venerables senadores y ahorrarnos sus sueldos, dietas y demás? ¿Podrían los senadores investigar y desarrollar nuevas técnicas, artilugios, inventos, materias primas, teorías… que nos ayuden a generar puestos de trabajo, cura para las enfermedades…?
     ¿Podríamos dar por terminado los acuerdos con El Vaticano y eliminar la ayuda a la Iglesia? Sería más conveniente, ¿alimentar la fe de los creyentes o el hambre de los parados, muchos de ellos cristianos? ¿Podría la Iglesia sobrevivir con la ayuda de sus fieles? Y ¿con la venta de sus acciones de bolsa? ¿Existirían compañías interesadas en comprar las tierras baldías que tienen a su nombre? ¿Y explotar comercialmente, a modo de hoteles, paradores…, las grandes propiedades como monasterios, abadías… semiabandonados y derruidos por falta de uso y mantenimiento? ¿Podrían alquilar, a un precio justo, las casas que tienen vacías?
     ¿Qué sería mejor para nuestro futuro, aumentar el número de alumnado en las aulas o el del profesorado que las asisten?
     Y no hablemos del herido honor patrio. Espero que REPSOL, después del desaguisado que le han hecho en Argentina y de que el gobierno salte en su ayuda, se acuerde de los españolitos de a pie y nos devuelva el favor. ¿No sé? ¿bajándonos, o más que sea congelando, el precio de la gasolina? Como nuestros sueltos.
     ¡Uf! Demasiadas dudas. Igual es que tengo el día tonto y la única neurona útil que me queda se ha bloqueado con tanta información negativa.

«El motín de Esquilache»

Ahora que nos acercamos tanto a la convocatoria de huelga general por parte de los sindicatos, por esas cosas de la vida, vino a mi mente aquellos estudios de antaño. Los que mi maestro de entonces bautizaba como «temas de cultura general».
      En el mes de marzo de 1766 se produjo en Madrid el Motín de Esquilache. Fue una revuelta popular con unas movilizaciones tan importantes y concurridas de manifestantes que se llegó a temer por la propia seguridad del reino.
      Salvando las grandes distancias que nos separan, y con un poquito de imaginación, se pueden encontrar ciertas similitudes con la actual convocatoria.
       En aquella ocasión se culpaba al gobierno, y en concreto al primer ministro, el Marqués de Esquilache, entre otras cosas, de la carestía del pan o de la prohibición del uso de ciertas vestimentas (la capa y el chambergo).
      Hoy la cosa no parece haber cambiado mucho. Estamos viviendo momentos en los que el gobierno recorta y encarece el pan de muchos. En menos de cien días de gobernación ya se han eliminado o cambiado, lo que ha costado mucho tiempo tejer, los trajes de las libertades sociales, civiles, laborales…

       El próximo 29 de marzo, no lograremos desterrar al «marqués» actual, como ocurrió entonces, pero espero que, al menos, comencemos a manifestar nuestro desencanto con el actual modelo.

«Sueño o realidad»

Anoche soñé contigo. Entre los brazos de Morfeo sentí como tu cuerpo me rodeó con un deseoso abrazo tras mucho tiempo sin vernos.
     Recordé los momentos felices que vivimos juntos y aparté a un lado los más dolorosos recuerdos que atormentaron nuestra despedida, y de los cuales nunca llegué a desprenderme. En mis sueños hablamos y reímos durante largo rato, como lo hacíamos antaño, cuando nos fugábamos en la oscuridad de la noche para compartir y vivir nuestro secreto.
     Entre las sábanas, no siendo dueño de mis propios pensamientos, reviví lo hermoso que era ver tu cara iluminada por la sorpresa cuando acudía a verte sin previo aviso, con nuestros besos furtivos, con las miradas cómplices, las señas pactadas y secretas que nos hacíamos, o cuando el más leve roce de nuestras manos nos erizaba hasta el último poro de nuestra piel deseosa del contacto físico con el otro.
     Hoy no sé si aquello fue un sueño o realidad, pero al levantarme mis manos aún se mantenían impregnadas en el suave aroma de tu perfume tras la ahora tímida y corta despedida -tan distante de aquellas- y un único deseo me invadió, volver a repetirlo.

«No te mosquees»

Cosas increíbles nos suceden a todos, pero parece que cuando nos las cuentan cobran una especial relevancia. En la noche de ayer me entere de que a un compañero, de una de mis actividades extraescolares, le sucedió algo, para mi, del todo inusitado y merecedor de ser contado, espero que al susodicho no le de «mosca» que lo cuente.
Pues resulta que andaba el buen hombre en sus labores diarias cuando sintió un malestar en el ojo ─no sé en cual, y supongo que ahora no importa─ por lo que pensó que se le había metido algún «cisco».
Incomodo, como no puede ser de otra manera, al llegar a su casa decidió ir al baño, por aquello de mirarse al espejo para lavárselo con abundante agua ─que siempre es una buena recomendación─ y aquí fue cuando llego la sorpresa, por no decir susto.
Con el ojete a la funerala y el otro medio acojonado pudo ver como pequeños seres, unos siete según su propia crónica, nadaban tranquila y divertidamente en su cada vez más inflamado óculo.
Con el justo atropello emocional, y el consiguiente ataque de ansiedad, acudió al servicio de urgencias más cercano, desde el que fue derivado, ya con el ojo inflado como un globo cargado de gases, a una oftalmóloga competente para que solucionara la cosa.
El diagnóstico fue claro: una mosca había parido en su blanca esclerótica. Con sumo cuidado, e imagino que gran destreza, la galena fue cazando uno a uno a los miembros de tan asquerosa y pequeña camada.
Nuestro compañero ya se encuentra bien. Su ojo vuelve a ser suyo y los despiadados de sus amigos nos hemos cebado con su mal todo lo que hemos podido, incluido algún chistecillo sobre sus tendencias zoofílicas. 
También sabemos que la expresión «no te mosquees», ha tomado especial relevancia en su vida, sobre todo ahora, que pudo llegar a ser padre de septillizos.

«Artilugios en 3D»

Desde que tengo uso de razón, el mejor significado que he encontrado para  las iniciales 3D es: tocado/hundido o unas gafitas de cartón, con una lente de papel azul y la otra roja, con las que vacilábamos. Ahora, con el paso del tiempo y el avance de la informática se persigue la mejora de esta tecnología a tutiplén en cine, consolas, juguetes…
            Ayer tarde, por aquello de patear las rebajas, estuve echándole el ojo, sin ninguna intención más que la de curiosear, a un nuevo televisor que asegura una verdadera imagen en 3D.
Pues bien, según formulan en su anuncio publicitario, aseguran que el poseedor de tremendo artilugio podrá disfrutar de la más cercana realidad, de sensaciones casi verdaderas, de la posibilidad de «tocar» a los protagonistas y sentir, en primera persona, lo que ellos sufren en la pantalla, «salpicarse de acción»… Como no tengan cuidado terminarán inventando el teatro.

«Halloweekend»

Un año más llegamos a la batallita de las tradiciones: que si hay que celebrar San Andrés, que si eso es de los giris, que si yo no me uno, que si menuda chorrada…. Pues siento decirles que todo eso está muy bien pero, Hallowen ha llegado.
            Los niños y niñas compran disfraces. Las mamis se asquean con los artículos de caracterización. Los papis rezongan. Las abuelas se santiguan…, pero Halloween ha llegado.
            El año pasado cometí un pequeño error ─puedes leerlo aquí─ pero para el presente, todo está listo: He sacado mis peores galas, afilado mis dientes, retocado mis chorretes de sangre seca, acicalado mis heridas… Solo espero que esos mequetrefes se acerquen a casa. ¡Se van a cagar!
            La entrada está decorada con pequeñas calabacitas, en cuyo interior se esconde una tenue lucecilla. Las telas de araña cuelgan por doquier. Tras la puerta un altavoz, conectado al equipo de música y este al timbre, está preparado para sonar, a toda leche, una música fantasmagórica tras ser accionado. Hasta un murciélago que da vueltas tengo colgando en el porche de la casa.
            Tras un par de horas de trabajo solo me queda sentarme a esperar. Halloween ha llegado y, y yo… ¡Ups! Acabo de acordarme. Yo tengo fiesta en casa de un amigo.

«Una tarde movidita»

Hoy es una de esas tardes complicadas. Tras comer tengo que ir a una gran superficie para buscar un material que nos hace falta en el cole. Después, ya que estoy ahí, hacer un par de mandados, de esos que uno siempre deja pendiente. De cuatro a cinco tengo clase en el gimnasio, para después ducharme e ir a recoger a los niños a las cinco y media. Tengo que pasar por casa de mi suegra, lavar el coche y… ¡ARGH! ¡Acabo de recordar!, Tengo que ir al supermercado. ¿De dónde saco el tiempo? Son cuatro cosas pero urgentes: Agua, yogures, jabón para la lavadora, suavizante, fruta, leche, cereales para el desayuno, cápsulas para la cafetera. Yo creo que ya.
            Acaban de terminarme el coche. Justo a tiempo. Las cinco y media, a recoger a los churumbeles y para casa a colocar la compra que llega a las seis y cuarto.
Menos mal que uno tiene un teléfono de esos y mientras hago cola… aprovecho el tiempo.

«Mi pequeño lazo azul»

Desde la infancia conservo la costumbre de tener un pequeño corcho frente a mi lugar de trabajo. En él cuelgo pequeños tesoros y recuerdos que significan, o han significado, algo. Está la concha del Camino de Santiago, una foto de mi época de Fuerteventura, una vieja pañoleta scout…, y un pequeño lazo azul.
            Lleva años atravesado por una pequeña chincheta. Clavado en el mismo sitio. Mira que me he mudado veces de casa y que hay cosas que han desaparecido de ese pequeño altar pero, mi pequeño lazo azul,  siempre ha estado ahí, a la espera de ser paseado.
Creo recordar que apenas lo use en un par de ocasiones y ambas tristes. La primera, el diez de julio de 1997, ETA secuestraba a Miguel Ángel Blanco. Amenazaban con matarlo. Así lo hicieron.
La noche del secuestro salíamos de marcha. Toda mi pandilla, impactados por el anuncio, respondimos al llamamiento de «BASTA YA» y quisimos poner nuestro granito de arena utilizando aquel símbolo. Esa noches vimos muchos y nadie parecía indiferente.
Mi pequeño lazo azul hoy sigue colgado en el tablón. Parece ser que jamás volveré a usarlo. ¡Menos mal!