«Regreso de igual manera, a la zorruna»

«Regreso de igual manera, a la zorruna»

Me marché a la francesa, sin previo aviso, sin despedirme. En el mes de julio cerré este blog sin despedirme pese que había escrito un pequeño texto en el que te contaba mis planes de verano. Ahora vuelvo de la misma manera, a la zorruna, esperando que te apetezca volver a pasarte por esta esquina y leer mi sarta de disparates. 

Entre las cosas que hice, creo que ya lo sabes, me fui de viaje. Me lié la cabeza y me embarqué en una aventura en casi solitario. 

Tengo claro que viajar solo es un acto que comienza con una decisión sencilla, o como en mi caso con un calentón, pero que termina siendo una travesía profunda de autodescubrimiento. 

Al principio todo parece intimidante, sobre todo los días previos: un billete de avión en mano, un libro de viaje, una libreta en la que apuntar cosas, una mochila al hombro y el horizonte abierto lleno de incógnitas, sobre todo calentado por un nivel de inglés chapurreado y del todo congelado detrás de alguna neurona que tengo que alentar para que se anima a dar todo de sí. Al viajar solo, te enfrentas cara a cara contigo mismo, sin distracciones ni comodidades de la rutina y con la certeza de que, el verdadero viaje que estaba haciendo, era hacia mi interior.

Al llegar, la soledad no tardó en presentarse. No hay un amigo con quien compartir la primera comida, ni una voz familiar que me ayude a orientarme en las calles desconocidas, voy sin internet, por lo que no puedo chatear con nadie de mi círculo. 

El silencio de la primera noche es abrumador, pero aprendes a escucharlo. Descubres que el mundo no se calla, ni mi interior tampoco, se vuelve más claro, más sincero. 

Al paso de los días mis pensamientos se alinean con el entorno y comienzo a notar detalles que en otra circunstancia habrían pasado desapercibidos: la sonrisa de un extraño, el sonido de las olas rompiendo en la distancia, el aroma del café, la paz de los arrozales, el olor de los mercados, la amabilidad de los que viajan acompañados…

Viajar solo me obliga a confiar en mí, a tomar decisiones sin consultarlas, a adaptarme a lo que venga. Aprendo que soy capaz de resolver problemas por mi cuenta, a confiar en mis instintos y abrazar mis miedos. 

Lo que al principio era una sensación de aislamiento pronto se transforma en una oportunidad para conectarte con mi mundo de una manera más profunda. Me comunico con extraños en una lengua que apenas domino, comparto historias y vivencias con los otros viajeros y, de repente, descubro que no estoy tan solo como creía. Hay una red invisible de almas errantes que, como tú, han salido en busca de algo más. Algunos buscan paisajes, otros respuestas, y algunos simplemente buscan conocerse a sí mismos.

Al final del viaje, he vuelto a casa con una maleta más ligera pero con un corazón más lleno. Salí con dudas y temores, ahora estoy seguro de que, en cualquier lugar del mundo, incluso en la más absoluta soledad, me tengo a mi mismo, y eso, eso, es lo más importante, por mucho que te haya echado de menos y tenga ganas de que me leas y de que siempre estés conmigo.

Gracias por leerme.

«Es hora de regresar»

«Es hora de regresar»

Llegó la hora de regresar. Aquel hombre, que había partido en busca de aventuras y aprendizajes, recorrido tierras lejanas, conocido personas de diferentes culturas y enfrentado a desafíos que, casi sin darse cuenta, habían moldeado su personalidad, se encontraba frente a la extraña situación de volver a su consabida cotidianeidad. 

Los nervios le batían el estómago. A pesar de todas las experiencias y vivencias que durante el trayecto había acumulado, le asustaba una única cosa, que nunca pudo olvidar mientras recorría el camino, aquella sonrisa con la que había compartido tantas risas, llantos, secretos, complicidad y sueños. 

Cuando decidió partir en busca de esas experiencias, sabía que la dejaba atrás y que desconocía por completo qué se iba a encontrar a su regreso.

Pero en su trayecto, como bien decía Cavafis, deseaba que su viaje, a esa Ítaca particular, fuera largo y lleno de experiencias, pues sentía que necesitaba descubrir el mundo y encontrar su lugar en él.

Tal y como esperaba, a lo largo del camino, se despertó en él un lado que estaba latente, dormido, que incluso no sabía que tenía. Comprendió que podía luchar contra los propios fantasmas, tomó decisiones difíciles y liberó un lado oculto que lo empoderada sobre sus propios miedos.

Entre tanto, también descubrió que, sin embargo, en su corazón, aún mantenía aquel espacio reservado para encontrar la paz y la intensidad que ninguna distancia ni experiencia podía hacer desvanecer.

La diferencia es que ahora tenía las herramientas para vivir en calma, seguir luchando por lo creía con convicción y comprender que todo tiene su tiempo. Lo que es para uno, el propio camino, el viaje que cada cual necesita recorrer, se lo traerá, envuelto en esa preciosa sonrisa que tantos buenos momentos ha dado y los que aún esperan para ser compartidos. Porque la sonrisa es la que cada uno de nosotros aporta, aunque ya sabes que a mí, me gusta especialmente la tuya.

Gracias por leerme.

«¿Una de viajes o una de soñadores?»

«¿Una de viajes o una de soñadores?»
Atrapar sueños. Qué bonito deseo.

No se si es por culpa de esta situación, o es algo que se repite en todos los grupos de amistades, pero, en mi caso, ya viene siendo habitual que cuando la peña se reúne, en torno a una mesa, un par de botellas de vino y las copas para hacer la digestión, solemos terminar, con cierta facilidad, organizando un montón de eventos.

En esa conversación de sobremesa del pasado fin de semana la historia se nos fue un poco de las manos y terminamos haciendo una lista para todo el año entrante. Por lo menos que la ilusión no nos la quiten. 

Así quedó la cosa:

  • Enero: Excursión en barco. Playa de Antequera.
  • Febrero: Ruta en bici.
  • Marzo: Viaje de esqui. Aprovechando la Semana Santa. ¿Austria, Suiza…?
  • Abril: Fin de semana en La Gomera. Toca ir de pateo.
  • Mayo: Fin de semana en hotel, todo incluido.
  • Junio: Volvemos a montar en Kayak.
  • Julio: Subida al Teide.
  • Agosto: Viaje a Navarra. Multiaventura y ruta gastronómica. 
  • Septiembre: La graciosa, que muchos no hemos estado y hay ganas de sol.
  • Octubre: Ruta del vino Ribera del Duero. Solo adultos.
  • Noviembre: Curso de cata de vino, como ya hemos probado lo bueno…
  • Diciembre: Madrid, por aquello de ver la iluminación navideña, las compras…

¡Menudo planazo! Seguro que te da envidia. Ya te digo que no hay nada como sentarse en torno a una mesa, con un buen grupo de gente soñadora y con ganas de disfrutar de la vida. Ya veremos qué logramos hacer, pero por soñar…

Venga es tu turno. Ya sabes que interactuar en las redes sociales ayuda a que esto se mueva un poco. ¿Eres de esas personas que cada vez que se reúnen proponen grandes aventuras? ¿Dónde te irías de viaje? ¿A dónde vendrías conmigo? ¿Te atreves a lanzarme una propuesta? Igual la acepto.

Gracias por leerme.