Cuentan que una noche en la que la luna estaba aburrida, se asomó a su balcón del mundo para observar lo que ocurría.Se percató de la presencia de una pareja de amantes dispuesta a compartir, para siempre, sus vidas. Convencida de que podía ayudar, habló con el viento del noroeste para que, en forma de bruma, les entregara felicidad. Llamó a las traviesas nubes del norte para que rociaran con amor el feliz acontecimiento. La noche tomó un encanto especial.
Ya se han casado. Ella lloró, él desafino –pero con sentimiento, todos disfrutamos, reímos, bailamos, encontramos a viejos amigos que hacía tiempo no veíamos, y al final gritamos: ¡VIVAN LOS NOVIOS!
Sean felices.