Y dio otro bocado. Lo hacía una y otra vez, insaciable. Según sus propias palabras, hacía tiempo que no probaba algo tan apetecible. Su lengua recorría toda la masa que tenía entre sus manos en busca de nuevos sabores. Su nariz intentaba esnifar los más turbios aromas que emanaban, con el fin de apoderarse de todos ellos. Aquella actitud era bulímica, casi pecaminosa, sexual…, prohibida, pero, quizás era eso mismo lo que le excitaba a continuar en su empeño. Por momentos se sorprendía mirándose en el espejo, observaba sus movimientos, le gustaba verse y disfrutaba de ello. Aquel dulce relleno de crema era increíble.
«Insaciable»
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