¿Quién sorprende a quién?

La bala, en la sien, y los calzoncillos de corazones bajados eran una imagen grotesca para un oscuro callejón.
El cuerpo yacía, boca arriba. El agente se acercó con sumo cuidado, no quería estropear ninguna huella, mientras su compañero tomaba posición para cubrirle.
―¿Está muerto? ―preguntó el camarada, manteniendo su mano en el arma reglamentaria.
Como una exhalación el cuerpo se levantó rápido y audaz gritando ¡SORPRESA!
El que estaba detrás no le dio tiempo de escuchar. Por instinto disparó.
―Ahora sí ―dijo el primero mirando a su sorprendido compañero―. Saluda a la cámara, era una broma.