«Historia de cuento»

Son las doce horas, un minuto y quince segundos. Toda la magia que había conseguido durante la noche ha volado por los aires. Tal y como llegó, con un puf y un humo gris  envolvente que hizo desvanecer los sueños cumplidos.
Aunque llegué a la fiesta un poco más tarde que el resto de las invitadas, él supo, nada más verme bajar las escaleras, que yo era la persona que buscaba. Me acogió entre sus manos como una delicada figura de porcelana. Me deslizó por  el gran salón como subida en una alfombra mágica de cuento.
Hemos pasado la velada bailando. Hablamos de manera animada de todo lo imaginable. Bebimos y, hasta nos besamos. Creo que es lo que esperaba.
A las doce salí corriendo. Debía cumplir con mi horario, de turno de noche, barriendo calles. Ahora entiendo a Cenicienta. Menos mal que no perdí el zapato.