«Serias dudas»

─¿Tú y yo podremos pasear juntos bajo ese cielo estrellado? ─Le preguntó ella con serias dudas.

─Supongo que sí. No hay nada que lo prohíba.
─¿Cómo que no?, ¿y ellos? ─dijo elevando su dedo índice para señalarlos.
─Ellos no tienen porqué saberlo.
─Pero nos verán.
─Creo que no. No miran hacia este lado. Solo se preocupan de sus cosas. No te preocupes. ¡Vamos!
─No puedo, me da miedo lo que puedan hacernos.
─No seas tonta. Dame la mano y camina como si nada ocurriese.
─Pero y sí…
─¡Calla y camina!, no podrán verme.
─Pero yo lo hago.
─Claro, no te has tomado la pastilla.

«Los saludos de Guayota»

La tierra tiembla bajo los pies de los Bimbaches. Según cuentan las viejas historias el demonio llamado Guayota vive en el interior del Teide ya que Achaman le taponó la salida como castigo tras secuestrar a Magec.

            Esas leyendas dicen que a Guayota le gusta cambiar cada cierto tiempo de vivienda o, al menos, remodelarla por lo que, cuando anda en esos menesteres, se producen ciertos movimientos sísmicos que nos hablan de esas intenciones.
            Los científicos calculan que hay un quince por ciento de probabilidades de erupción volcánica y que esta no produciría ningún mal, más bien lo contrario: atraería turismo ─ya sabemos que hay gente para todo─, enriquecería los suelos, que la superficie se amplíe e incluso existe la posibilidad de que surja una nueva isla. ¡Te lo imaginas! Espero que nuestros inteligentes políticos no la llamen San Borondon ya que acabarían con otra gran leyenda o mágica realidad.

«Cuestión de pauta»

Siempre aparecía DOminante, no le importaba la situación, el lugar o el público que estuviera expectante. Para ella, lo más importante era mostrarse, dejarse ver, siempre de manera REsuelta y decidida, para que sus múltiples admiradores, o sus posibles enemigos, se acobardaran en su presencia.
            MI humilde personalidad no podía con ella. Me costaba entender su situación, sus combinaciones y cambios de actitud, su carácter…, aunque me resultaba muy FAscinante  escucharla y tenerla a mi alrededor, por lo que, casi cada día, me aplicaba y ponía todos mis conocimientos, y mi mejor actitud, en entenderla.
SOLo una vez, me atreví a corregirla situándola en el lugar adecuado. LA mirada que me dedicó fue penetrante, amenazadora. Para ella, SIn duda, yo había cometido un error, pero estaba tan seguro de lo que había hecho que jamás se atrevió a discutírmelo.
En aquella ocasión la había DOmado pero, en el fondo, los dos sabíamos que el pentagrama era suyo y que la nota la daba ella.

«¡Maldita!»

La noche es una estrella en tu cucharilla opaca, doblada y quemada. Siempre lo has dicho, siempre que la poesía te invadía, pero nunca has pasado de ahí. No podías.
Hoy el pequeño utensilio yace muerto en el suelo, más negro y más quemado que nunca, como su dueño.
El burbujeante brillo del líquido al calentarse no volverá a flipar tu mente, no volverá a invadir tus venas con su letal contenido. Hoy, la calidad era mala y la dosis mortal. ¡Maldita cucharilla!, ¡Maldita heroína! 

«¡Prueba superada!»

Todas las personas deberían poder cumplir sus sueños o, al menos, hacer todo lo que esté en sus manos para poder conseguirlo. Este fin de semana he logrado abrazar un viejo deseo, hacer un curso de escalada en roca (Nivel I).
            Como podrás imaginar, en esta pequeña aventura por el mundo, la adrenalina ha recorrido mi cuerpo desde el primer momento. Poner tu vida en manos de dos monitores (David «el Colgado» ─jajaja se pasó horas en lo alto de la pared para podernos ayudar─ y Luis, «el Paciente» ─hombre tranquilo, que transmite la seguridad como única idea para hacernos disfrutar─), de diez compañeros, de un equipo y, sobre todo, de un nudo, es lo que tiene.
             La sensación de superación lograda, cuando llegas a la reunión y miras hacia abajo es, en dos palabras, «es─pectacular», solo comparable con iniciar la escalada con los ojos vendados, confiando en tu compañero, el equipo y uno mismo. El tacto de la pared en los dedos logra que te agarras a sitios impensables que, a ojos descubiertos, jamás te plantearías.
Al llegar a casa la sonrisa sobresalía de mis orejas y los ojos de susto de la familia se salían de sus órbitas.
Estoy muy orgulloso, satisfecho y contento. Creo que todos terminamos así.
¡Hasta la próxima!, que espero sea el nivel II.