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Una vez
pasados los santos días toca hacer recuento. No de mis actos y
constricciones sino de ciertas similitudes encontradas en costumbres
tan dispares.
pasados los santos días toca hacer recuento. No de mis actos y
constricciones sino de ciertas similitudes encontradas en costumbres
tan dispares.
En primer
lugar me llama la atención la diferencia de sentimientos que estas
fiestas generan en el público. Por un lado tenemos a los que —con
sangre, sudor y lágrimas—disfrutan entregados a los rezos, las
procesiones, los ramos y el recogimiento. Por otro lado tenemos a los
que —con sangre, sudor y lágrimas— disfrutan de la playa,
cremas, un viaje y reuniones de amigos.
lugar me llama la atención la diferencia de sentimientos que estas
fiestas generan en el público. Por un lado tenemos a los que —con
sangre, sudor y lágrimas—disfrutan entregados a los rezos, las
procesiones, los ramos y el recogimiento. Por otro lado tenemos a los
que —con sangre, sudor y lágrimas— disfrutan de la playa,
cremas, un viaje y reuniones de amigos.
Ante tal expectativa cada día
tengo más claro de que esta España nuestra es bipolar.
tengo más claro de que esta España nuestra es bipolar.
La esperanza,
tal y como suele ocurrir en todos los ámbitos, para unos y otros, es
que pasadas estas fechas, tanta dedicación se une en una misma lucha común —también
a sangre, sudor y lágrimas— que no es otra que la de intentar
bajar esos fofos michelines de más que se nos han acumulado entre
tanto rezo o chiringuito, entre tanta procesión o hamaca, entre
tanta misa o reunión de amigos…
tal y como suele ocurrir en todos los ámbitos, para unos y otros, es
que pasadas estas fechas, tanta dedicación se une en una misma lucha común —también
a sangre, sudor y lágrimas— que no es otra que la de intentar
bajar esos fofos michelines de más que se nos han acumulado entre
tanto rezo o chiringuito, entre tanta procesión o hamaca, entre
tanta misa o reunión de amigos…
Hay también
que tener en cuenta las formas en las que, tanto los unos como los otros, se desprenden de
esa pesada carga, o al menos lo intentan, ya que lo hacen de la misma manera: con
sangre, porque no hay nada más sangrante que las facturas de los
remedios milagrosos que te venden en las farmacias, parafarmacias y
demás «macias —o mafias, según se mire—»; con sudor,
sufriendo terribles tablas aeróbicas en esos gimnasios o grandes
caminatas, por las ahora concurridas «rutas del colesterol», de cada
barrio o pueblo; y con lágrimas, llorando al ver las cajas de
galletas que no podemos comprar, o la pizza que no nos podemos
comer…
que tener en cuenta las formas en las que, tanto los unos como los otros, se desprenden de
esa pesada carga, o al menos lo intentan, ya que lo hacen de la misma manera: con
sangre, porque no hay nada más sangrante que las facturas de los
remedios milagrosos que te venden en las farmacias, parafarmacias y
demás «macias —o mafias, según se mire—»; con sudor,
sufriendo terribles tablas aeróbicas en esos gimnasios o grandes
caminatas, por las ahora concurridas «rutas del colesterol», de cada
barrio o pueblo; y con lágrimas, llorando al ver las cajas de
galletas que no podemos comprar, o la pizza que no nos podemos
comer…
En fin, que
entre nuestras Españas resulta haber más cosas que nos unen de las
que nos separan y, sin duda, una de ellas son las ganas de
sufrir, tras la sufrida Semana Santa.
entre nuestras Españas resulta haber más cosas que nos unen de las
que nos separan y, sin duda, una de ellas son las ganas de
sufrir, tras la sufrida Semana Santa.
